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Julián Gil Rodríguez, un violín colombiano en la Orquesta Sinfónica de Londres

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Tan solo dos latinoamericanos hacen parte de la Orquesta Sinfónica de Londres, Julián Gil Rodríguez es uno de ellos. Su gran pasión por la música empezó a los 5 años, creció entre instrumentos, ensayos y conciertos. A los 11 años inició su formación en violín de la mano de su primer y único profesor, Mario Díaz, a los 16 años ganó una plaza en la Sinfónica de Colombia. Pasó por la Fundación Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia, la Orquesta Sinfónica Nacional, la Sinfónica de Castilla y León en Valladolid y la Sinfónica de Galicia en La Coruña, allí estuvo hasta el 2013, año en que viajó a la capital británica  a cumplir su gran sueño: ingresar a la Orquesta Sinfónica de Londres


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Por Yohanna Rozo


¿Cómo recuerdas el proceso de ingreso a la sinfónica de Londres?


Fue un proceso largo y exigente, primero tuve que enviar la hoja de vida y pasar la preselección para ser invitado a audicionar. En la audición tienes que pasar dos rondas lidiando con nervios, tocando al mejor nivel que puedas ofrecer y lograr satisfacer los gustos particulares del jurado, si sale todo bien luego te ofrecen un periodo de prueba (Trial) de tiempo indeterminado donde tienes que venir y tocar con cada uno de los compañeros de tu sección, en mi caso los Segundos Violines, para que cuando ellos lo consideren apropiado voten y emitan un veredicto donde te ofrecen una plaza en la orquesta o no.


El trial era nuevo para mí, es algo muy “british” en ningún otro lado funciona como aquí, cada momento cuenta, dentro y fuera de los escenarios, así que tienes que ser tú y esperar que haya ese ‘click’ con los colegas. La orquesta se asegura muy bien de que la persona que quieren contratar es la persona correcta, los ‘trials’ pueden durar desde meses hasta años, hasta que estén completamente seguros y sin prisas.


El mío en particular duro aproximadamente 6 meses, hice la audición en octubre 2012 hasta que un domingo de abril 2013 recibí una llamada del ‘Chairman’ de la orquesta, ofreciéndome la plaza que había obtenido por unanimidad. ¡Ya imaginarán la felicidad!


 ¿De dónde surgió tu interés por hacer parte de está sinfónica?


 Como en todas las profesiones siempre hay unas empresas banderas, esa compañía con la que todo el mundo sueña y desea ingresar desde que se empieza a estudiar.Cuando empecé con la música en Colombia, y cada vez que podía, iba a comprar discos y muchos de ellos eran de la London Symphony Orchestra, sin saberlo desde el principio ha sido un gran pilar para mí y nunca se me había pasado por la cabeza que podía un día llegar a ser parte de ella pero ya ves, la vida te da sorpresas. ¡Aquí estamos!


¿Cómo era antes la vida en tu país, Colombia?


Tenía una vida muy divertida, trabajaba en la Sinfónica Nacional de Colombia, me encantaba salir de fiesta por ahí, ir al autódromo, disfrutar con los amigos, creo que disfruté todo lo que se puede disfrutar en Colombia hasta los 22 años cuando me fui para España.


¿Extrañas algo de tu región?


Mi familia, mis amigos, la comida colombiana me derrite y por supuesto el humor y la “colombianidad”, ese algo que solo entendemos los que somos de allá.


Tenías algún hobby particular como por ejemplo ¿las carreras de carros?


De hecho sí, me encantaban los carros y tenía un carro arreglado para ir a correr en Tocancipá cada vez que podía, pero tenía que coincidir el fin de semana que no tuviera concierto y que, a la vez, hubiera Válida en el autódromo, difícil y muy caro también, tuve que parar, pero apenas pueda lo retomo seguro.


¿Qué exigencias ha tenido tu carrera?


Bueno la principal para mí ha sido tener que dejar Colombia y mi familia, hace 10 años no había oportunidad de hacer una carrera “decente” sin salir del país así que mucha gente tenía que irse. Ahora tengo fe de que la “cosa” está mejorando, hay mucha más gente interesada en lo que pasa en Colombia y está creciendo mucho en este aspecto, esperemos que siga así.


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¿Guardas en la memoria tus inicios en la música?


Vengo de una familia de músicos así que fue inevitable, mi madre trabajaba como bibliotecaria en una orquesta y no tenía con quien dejarme así que básicamente crecí allí, entre instrumentos musicales, ensayos y conciertos, a los 5 años empecé con la teoría y la percusión, y a los 11 me decidí por el violín.


¿Qué esfuerzos ha significado hacer parte de esta sinfónica?


Aparte de las horas de estudio durante años para poder haber llegado a ser parte de la orquesta, mudarme a una nueva ciudad, nuevo idioma, nueva gente, clima, precios, aunque definitivamente ha valido la pena, sin ninguna duda.


¿Qué momentos destacas de tu carrera musical?


Habría muchos, muchos conciertos muy especiales, también audiciones importantes que han salido bien, pero si tengo que escoger uno creo que entrar a LSO, ahí resumiría todos los momentos especiales. Fue como haber llegado a la meta.


¿Cuál es tu mayor agradecimiento?


Creo que la paciencia de mis padres y su apoyo fueron primordiales, fue mi madre quien me compró mi primer violín, y mi padre quien me soportó económicamente cuando lo necesité, mi hermano es como mi fan más grande y saber que soy su ejemplo me mantiene con los ojos en el camino. Mi maestro y gran amigo Mario Díaz quien supo siempre guiarme mas no imponerme, eso fue absolutamente clave. Hay muchísimas más personas detrás de todo esto a las que les debo un “Gracias” gigante, nunca hubiera podido llegar a donde estoy sin la ayuda o la paciencia de ellos y, por supuesto, al violín y a esta profesión que no la cambiaría por ninguna otra.


¿Qué te llena de satisfacción?


Después de tocar un concierto, cuando te giras y ves a 2000 personas en el público aplaudiendo y gritando con una sonrisa enorme te das cuenta del poder que tiene la música. Poder ser parte de esos momentos te hace sentir único y afortunado, creo que es la razón de ser de mi profesión, cuando por medio de la música logras llegar y “tocar” a la gente, es muy especial.


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¿Cuál es el escenario que más recuerdas?


Hace menos de dos meses estuvimos en Ravello, Italia, con la LSO, es un pequeño pueblo italiano en la costa amalfitana, era totalmente al aire libre, podías ver el mar desde el escenario, tocamos la Primera Sinfonía de Mahler mientras atardecía. Creo que es lo más pintoresco que he podido experimentar en cuanto a “Salas” de concierto. ¡Será difícil de olvidar!


¿Cuál es tu canción favorita?


Difícil escoger una, en cuanto a música clásica me encanta Shotakovich, Prokofiev o Mahler, Holst y sus planetas… En cuanto al resto me gusta mucho la salsa y el jazz pero sería difícil escoger una sola canción, hay mucha música excelente, depende de la energía que tengas en cada momento.


¿Por ejemplo, qué clase de música llevas en tu dispositivo de música mp3… o celular…?


Los Van Van, Esperanza Spalding, Real Charanga, Michel Camilo, ChobQuibTown, Curupira, Calle 13, toda la discografía de la LSO (soy el mayor fan), Arturo Sandoval, Alexis Cardenas, Guarneri Quartet, de todo un poco…


¿Qué se viene ahora para Julián Gil?


Aparte de los proyectos y giras con la orquesta (Australia, USA, Asia) me gustaría empezar a acercarme al mundo de las ‘jam sessions’ en Londres, me encanta el latín jazz y me gustaría mezclarme en ese mundo y poder practicar la improvisación, hay algún concierto de música de cámara con un cuarteto que tengo con compañeros de la orquesta, aprender italiano…y espero que muchos otros más que se me vayan ocurriendo, pero básicamente disfrutar de esta ciudad que tiene todo para ofrecer.


¿Quiénes te apoyan en este sueño?


Es curioso pero desde que llegué a Londres he sentido más el respaldo y el apoyo de muchísima gente, desde mis amigos del barrio hasta mis colegas en España, pasando por muchísimos compañeros músicos que tengo en Colombia que se alegran por mí y por este logro, porque creo que más que un logro personal ha sido un logro de todas aquellas personas que creen que es posible ser educado en Colombia para luego salir a ser parte de la élite y dejar el nombre de nuestro país en alto en cualquier disciplina.