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¡Cuidado con el hueco!

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Por: Nagore Valero


 


 


El metro, o el Underground para los londinenses, es uno de los transportes más utilizados en la ciudad. Además de ser el primer metro del mundo, creado en enero del año 1863, es el más largo de Europa. Cuenta con 274 estaciones aproximadamente, pero cada una de ellas tiene su historia y sus vivencias particulares.


La expresión “Mind the gap” o en español “cuidado con el hueco” resulta ser una de las expresiones más escuchadas en la metropolitana de Londres. Todos sabemos lo que es viajar en metro… la gente, el ruido, las paradas… pero ¿realmente sabemos lo que se encuentra detrás de estas vías tan conocidas por todos?.
La metropolitana de Londres nos esconde muchos secretos, y no solo me refiero al andén 9 y ¾ conocida por la película de Harry Potter y que se encuentra escondida en la estación de King Cross (donde actualmente hay una placa en su honor). Me refiero a hechos históricos, leyendas y datos de los que raramente se tiene consciencia. ¿Alguna vez has pensado cuanta gente puede deambular en un solo día por este subterráneo? Según los últimos datos parece ser que las escaleras del metro de Londres recorren en una semana lo suficiente como para dar la vuelta al mundo dos veces, y es normal siendo el 3º más extenso del mundo después del de ciudades como Perú y Moscú, un dato que nos podría ser contado a la perfección por Andy James y Steve Wilson que completaron todo el recorrido a lo largo de 16 horas y media el 27 de Mayo de 2011 y que apareció en la edición del libro de los records Guiness en 1960. Pero dejando de lado sus sobradamente conocidas extensiones, el metro de Londres lleva consigo una importante carga histórica pues también es conocido por ayudar a más de 200.000 niños durante la 2º guerra mundial o por ser usado como un refugio antiaéreo en el año 1940.


Siempre que usamos expresiones como “el metro está lleno de vida” generalmente nos referimos a la cantidad de gente en movimiento que nos podemos encontrar por sus alrededores, pero quizá podemos entenderlo de una manera más literal: puesto que en el año 1924 nació el primer niño en el metro, aunque posteriormente han nacido un incalculable numero de niños incluyendo, entre otros, al presentador de televisión estadounidense Jerry Springer. Nació en la propia estación de East Finchley, cuando ésta era utilizada como refugio contra los ataques alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Y es que con “tanta vida” muchas veces, nos quejamos de los malos olores. Por suerte, se creo el perfume “Madeleine” en el año 2001 que se probó acertadamente en estaciones como las de Picadilly, sin embargo, no fue tan efectivo ya que tuvo que ser retirado porque causaba malestar y mareos entre los transeúntes.


Anteriormente hemos hecho referencia principalmente a la vida humana, pero este medio de transporte no parece ser solamente de preferencia, humana. En sus profundidades cuenta con una fauna propia, entre las cuales encontramos pájaros carpinteros, gavilanes, murciélagos, culebras, gusanos, una media de medio millón de ratones y una especie de mosquito originaria de la metropolitana conocida como “Culex Molestus” descubierta durante la 2º guerra mundial.


Después de hablar sobre la vida parece oportuno mencionar también la otra cara de la moneda, y es que la muerte también aparece marcadamente en esta presunta utopía. El primer accidente de metro fue en el año 1938 entre las estaciones de Waterloo y Charing Cross con 12 personas heridas. El accidente más grave, en cambio, fue en 1943 donde murieron 173 personas en la tragedia de Bethnal Green y en cuanto al accidente más famoso se protagonizó en King Cross, un incendio que incitó la prohibición de fumar dentro de las estancias metropolitanas.


Pero la muerte no solo se presenta en forma a través de grandes accidentes, los suicidios en estas grandes áreas parecen encontrarse también a la orden del día. Teniendo su máxima incidencia en la estación de Victoria (la 2º más grande después de la de Waterloo) han acabado por poseer nombre propio (“one-unders”).


Finalmente, un habitante bastante particular ronda el subterráneo de Londres. Se llama William Terris, o mejor conocido como el fantasma Wiliam Terris por ser actor de teatro West End en su época joven. Fue asesinado en el año 1897 donde sus últimas palabras pronunciadas fueron que algún día volvería. Dicen que por las noches anda merodeando por las vías estorbando al personal del metro de la estación de Covent Garden quienes han escuchado varias veces golpes y pasos en su lugar de trabajo. Quien sabe si este relato es real o no.


En definitiva, cada metro y estación tiene su historia, sus vivencias y los recuerdos de cada una de las personas que cruza por la ciudad de Londres, algunas positivas, otras negativas y otras, por supuesto, inolvidables.


 


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