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Toda una vida dedicada a multiplicar el dinero

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Por: Ricardo Miranda


 


Emilio Botín, presidente incombustible del Banco Santander durante las últimas tres décadas, ha fallecido en Madrid a los 79 años a causa de un ataque al corazón. El consejo de administración de la entidad financiera se ya se ha reunido para designar a la nueva presidenta, su hija mayor, Ana Botín tras ser elegida por unanimidad por el Consejo.


Botín ha conseguido implantar el Santander entre los diez países más grandes y tiene negocios en más de 40 mercados. Además, durante los ya casi siete años desde el inicio de la crisis financiera, Botín ha sabido aprovecharse de ella para crecer con rentabilidad cada trimestre, como otros bancos han hecho con anterioridad. La historia se repite una vez más, de forma cíclica. “Botín mantuvo muchos paraguas abiertos en los tiempos del diluvio", declaró José Luis Cebrián, presidente del Grupo Prisa.


Íñigo Vega, experto bancario de Nau-securities, calificó de obra maestra lo hecho por el banquero en la crisis. También señaló, que según sus datos, el comportamiento bursátil del Santander desde 1990 es mejor que el de casi toda la banca europea de un tamaño similar, incluyendo el gigante HSBC, “y mucho más favorable que Citigroup, uno de los gigantes norteamericanos”.


Ahora el legado de Ana Botín es reforzar el banco. Para ello deberá incrementar su capital —exigido por los supervisores internacionales— pero la crisis financiera y el escaso crédito que se concede ha hundido la rentabilidad de las acciones bancarias, incluidas las del Santander. De hecho, Javier Marín, consejero delegado, se pronunció recientemente para señalar que elevar la rentabilidad del Santander es la cuestión prioritaria. Antes de la crisis, las acciones del Santander llegaron a alcanzar los 15 euros en Bolsa en 2007 y el pasado miércoles, tras la muerte de su presidente, se cerraron con un valor de 7,7 euros.


Lo que nadie duda es que Ana Botín mantendrá la diversificación geográfica como una de las enseñas del grupo, ya que ha sido una de las claves para sobrellevar la crisis y evitar pérdidas. Todo apunta a que España, Brasil y Estados Unidos serán las prioridades de Ana Botín para lograr todo el beneficio que pueden llegar dar.


Ana Botín conoce bien el mercado norteamericano ya que, después de su paso por JPMorgan, fue ella misma quien desarrolló la banca de inversión del Santander en Estados Unidos y Asia. Aunque el proyecto acabó con un triste final por la llegada de las crisis de las divisas de principios de 2000.


Por otro lado, actualmente Brasil representa el 20% de las ganancias del grupo, ya que Emilio Botín decidió sacar partido de otro país en crisis e invirtió mucho en el continente sudamericano cuando este andaba necesitado de crédito. El presidente Lula da Silva le recuerda en gran estima y se dirigió a su familia con un escrito donde se lamenta de la muerte del presidente y le recuerda como el gran salvador del pueblo brasileño. “Para nosotros es inolvidable el gesto, de 2002, cuando, en mitad de una grave crisis económica, insistió en mostrar su confianza en el futuro de Brasil y en el pueblo brasileño”.


El ‘reto’ que Ana Botín tiene ahora es consolidar al banco Santander en esos mercados. Pero su padre hace tiempo que dejó el terreno allanado para su sucesora ya que el presidente ha delegado todas sus funciones más importantes en terceros. Este mismo mes, desde Italia, Botín declaró que había descubierto que podía ser presidente sin trabajar. “Tengo un consejero delegado tan bueno y un equipo tan fantástico que podría desaparecer cuatro meses y no se notaría”, aseguraba.


Pero no solo fue esto lo que el Botín contó a un pequeño grupo de periodistas de los principales periódicos españoles que reunió en un restaurante de Milán —donde se encontraba para la celebración del Gran Premio de Monza de Fórmula 1. En esta cena, el presidente del Santander mostró cómo había mejorado la situación de la entidad en los mercados, proclamó su objetivo inmediato de situarse entre los 10 primeros bancos por capitalización bursátil y volver a los niveles de beneficio de antes de la crisis (más de 9.000 millones anuales) en cuatro o cinco años. Sus palabras fueron de forma no oficial en lo que se denomina off the record, pero él les dio permiso para publicar lo que ellos quisieran “mientras tomaba vino y un pequeño whisky a los postres”, asegura uno de los presentes en representación de el diario El País. Ahora a Ana tan solo le quedar tomar las crucetas y seguir moviendo los hilos.