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España

Historia y religión o adoctrinamiento político

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Por: Andrés Gago


Parece que los jóvenes en España no solo huyen en busca de trabajo. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, ha anunciado su intención de modificar el código penal para contemplar como delito de terrorismo la participación de españoles en conflictos en el extranjero.


Esta medida estaría destinada principalmente a hacer frente a la presencia de nacionales que combaten en grupos yihadistas. La modificación del código penal habría sido promovida por el ministerio a raíz de los reproches de la coalición internacional ante la pasividad del Gobierno español en su lucha contra el yihadismo.


El ministro de Asuntos Exteriores ha asegurado que los reproches son infundados ya que “España nunca ha visto los toros desde la barrera”, aludiendo a las misiones en las que España ha cooperado en el extranjero.


Esta reforma también afectaría a los Españoles, como Rafa y Ángel, voluntarios que viajaron hasta el Este de Ucrania para unirse al Batallón Vostok, perteneciente al ejercito miliciano prorruso. La intención de estos dos jóvenes era revivir la Brigadas Internacionales que lucharon en España en el 36.


Ambos han militado en grupos políticos de corte comunista y se consideran “anticapitalistas”. La idea de estos jóvenes, carentes de “grandes responsabilidades” en España, tal y como afirmaba Rafa para France 24, es emular a las brigadas internacionales y luchar contra “el cuarto Reich que asola Europa”. Según ellos, “la extrema derecha vuelve a resurgir” y “la clase obrera necesita de su ejercito proletario”.


Parece que en nuestra genética nacional, el romanticismo es una patología que se extiende a través de todos los periodos históricos.


Los fundadores de la Brigada Internacional Carlos Palomino se deben sentir como si estuvieran en la piel de Robert Jordan, protagonista de la novela Por quién doblan las campanas. Sin embargo, estos dos personajes, en vez de parecer salidos de una novela de Hemingway, parecen más bien Don Quijote y Sancho Panza. Ambos, movidos por unos valores superiores, se creen en el deber de acometer una aventura heroica, la salvación de un pueblo acosado por las fuerzas del mal.


 Parece que en nuestra genética nacional, el romanticismo es una patología que se extiende a través de todos los periodos históricos. Estos dos jóvenes románticos comunistas, parecen estar movidos por un individualismo mesiánico, al creerse representantes universales del bien. Por lo tanto, se sienten legitimados a entrar en un conflicto bélico que en realidad dista 80 años y 4.000 kilómetros más allá del que realmente creen estar luchando.


La situación en Ucrania es tan diferente de la guerra civil española como compleja. Solo la ignorancia y el infantilismo que lleva a uno a creerse la historia como si perteneciese a una esfera en la que las personas se mueven de forma simplista y dual, puede conducir a un individuo a la situación en la que se han metido, escapar de sus problemas más cercanos, como los que estamos viviendo en España, y ponerse a dar tiros imaginándose en un cuento épico de princesas y caballeros.


 Quizás la realidad les asalte de repente en medio de toda su crueldad y violencia, justo cuando comprendan que la huida ya no es posible y que cerrar las tapas del libro o los panfletos a los que estaban acostumbrados a leer ya no les servirá para evadirse de la sordidez de la guerra.


Tanto la vida de estos muchachos, como la de aquellos que los sigan o los que se vayan a luchar a Irak, pueden servir como una llamada de atención para Estados, Entes y organizaciones políticas. El uso que están haciendo de la historia para legitimarse en un contexto democrático y conseguir una ventaja política o electoral, puede convertirse en un arma de doble filo. El adoctrinamiento a través de la simplificación de la historia, no hará mas que crear odio e intolerancia hacía aquellos que no pertenecen a los suyos. Finalmente, el rencor y la supremacía moral que han sido inculcadas para conseguir unos votos, puede finalmente hacer revivir la historia tantas veces repetida


Se me hace indispensable recordar una frase de Thomas Mann, “ La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”.