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La revolución de los paraguas, Hong Kong desafía al gobierno chino

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Por: Alba Formoso Getino


 


 


 


Hong Kong pide democracia. Decenas de miles de ciudadanos han salido a las calles de la antigua colonia británica para exigir a China reformas en su sistema democrático. Los encargados de encender la mecha de este nuevo polvorín social han sido dos jóvenes estudiantes acompañados por la plataforma 'Occupy Central with Love and Peace', movimientos que siguen la estela de las protestas sociales que ya han sido portada de periódicos por todo el mundo como la Primavera Árabe, el 15M en España o, Occupy Wall Street en Estados Unidos. Colectivos con un máximo común denominador: el anhelo de una democracia eficaz.


 


En Hong Kong parecen tenerlo claro y más allá de reformas económicas o territoriales exigen a China poder elegir a sus propios representantes, es decir, el sufragio universal para las próximas elecciones que se celebrarán en 2017.
El jefe del ejecutivo de la ciudad de Hong Kong sale de un Comité Elector conformado por 1.200 personalidades que se erigen en representantes del conjunto de la sociedad. Pero desde Hong Kong los manifestantes exigen poder elegir de forma directa a su representante, sin la mediación de ningún Comité. Desde el gobierno nacional, en Pekín, se había asegurado dicha reforma electoral en favor del sufragio universal para los próximos comicios, pero ya el pasado agosto decidieron confiar la elección en el Comité Electoral, quien postulará a los principales candidatos.
Tras los actos de protesta que recorren los lugares más emblemáticos de la ciudad como el centro financiero y administrativo, se encuentran dos jóvenes estudiantes, Joshua Wang Chi Fung, de 17 años, presidente de Scholarism, uno de los colectivos más activos, y, Alex Chow Yong Kang, secretario general de la Federación de Estudiantes de Hong Kong, además, un profesor de la Universidad de Derecho, propulsor del llamado 'Occupy Central with Love and Peace. Una campaña de desobediencia civil en la que participantes y organizadores coinciden en definir como pacífica, rechazando cualquier protesta violenta.
Por su parte, desde el gobierno de Pekín, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Hua Chunying, ha recordado tajante que "Hong Kong es China", pero por el momento, el gobierno central descarta tomar medidas para disuadir las protestas, descarta enviar al ejército para disuadir las protestas, la estrategia parece esperar al desgaste del propio movimiento.


 


 


'La revolución de los paraguas'


El malestar de la sociedad de Hong Kong ha roto las previsiones de los propios organizadores de las protestas, que han sido denominadas como 'La revolución de los paraguas', manifestaciones que han recorrido las calles de la ciudad, vestidas de miles de indignados ataviados con paraguas para protegerse de los gases pimienta empleados por la Policía antidisturbios.


 


 


'Un país, dos sistemas'


La República Popular China vive dos realidades antagónicas, la de la capital Pekín y, la vecina Hong Kong. Desde que chinos y británicos acordaron la cesión de Hong Kong a China acordaron también mantener sistemas diferentes.
Por su parte, Hong Kong, a 16.940 kilómetros de la capital del país es una región semi autónoma dentro del territorio. Tiene su propio sistema administrativo y legislativo, reconocimiento a libertades no permitidas en China, como es el caso de la libertad de prensa, y además, y como quizá más representativo, su sistema capitalista, prueba de ello es la Bolsa de Valores, la sexta más importante del mundo y la segunda en Asia. Un arreglo que ha permitido Pekín tener su propia ventana financiera, con un importante posicionamiento mundial.
Hong Kong, sin embargo, pese a ser el corazón financiero del país muestra la mayor desigualdad de todas las economías desarrolladas del mundo, según el coeficiente Gini, que mide la desigualdad de ingresos en las diferentes economías. Pese a su próspero sistema bursátil, 1,3 millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza, el 19,7% de la población.


 


La Revolución de los Paraguas no es el primer desafío lanzado desde Hong Kong al gobierno de Pekín, sin embargo, la repercusión y participación de las protestas revela un malestar con escasos visos de desaparecer.