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Los kurdos aseguran posiciones en Kobane

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Por: Alba Gallego


 


 


 


La coalición internacional encabezada por Estados Unidos sacudió la región de Kobane el pasado miércoles con una nueva lluvia de explosivos lanzada sobre el este y sudoeste de la ciudad, en un nuevo intento por frenar el avance yihadista que constriñe desde hace varias semanas a la población kurda que habita en el territorio. El ataque ha obligado a los insurgentes a replegarse recortando su influencia en el enclave.
Según el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, al menos 45 combatientes del EI fallecieron durante la ofensiva, 30 de ellos en la provincia de Hasake y otros cinco a las afueras de Kobane. El comunicado emitido por el Mando Central de Estados Unidos, a cargo de las operaciones en Oriente Próximo, rezaba que “hay indicaciones de que las milicias kurdas continúan controlando la mayor parte de la ciudad y están resistiendo frente al EI”.


El último país en sumarse a los bombardeos ha sido Australia, cuyos aviones de combate atacaron diferentes objetivos del EI en Irak el martes 7 de octubre: “dos bombas fueron lanzadas desde un F/A 18F Super Hornet sobre una instalación de los terroristas”, aseguraron desde el Ministerio de Defensa. Además, los de Oceanía colaboran desde septiembre mediante el abastecimiento de combustible, 200 soldados profesionales y otros 400 más de apoyo.


Cada vez suenan más alto las voces que tildan de “inútiles” en la guerra contra el EI los ataques aéreos selectivos, que pese a haber comenzado hace ya dos meses siguen sin reportar resultados determinantes. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, es uno de los principales detractores de esta postura y calificó las medidas de insuficientes para derrotar a los 30.000 miembros del Estado Islámico que se encuentran diseminados entre Siria e Irak.


"El poder aéreo por sí solo no va a ganar una campaña como ésta", aseguró el ex jefe del Estado Mayor de Defensa en Reino Unido, Dave Richards, en declaraciones a la BBC. Los bombardeos son limitados y la eficacia de los ataques aéreos es más que cuestionable teniendo en cuenta que las posiciones yihadistas están camufladas y resultan difíciles de identificar si no es barriendo el terreno. Asimismo, desde hace un tiempo atrás los terroristas han adoptado nuevas tácticas de combate: “ya no plantan banderas ni se desplazan en grandes convoyes como hacían antes. Tampoco establecen cuarteles generales que sean visibles”, aseguró el jede del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, Martin Dempsey, a la cadena ABC.


La coalición ha ganado esta batalla pero el desenlace de la guerra contra el terror sigue pendiente de un hilo. La ciudad continúa asediada por tres flancos diferentes y desde diferentes gobiernos, como el turco, creen que su caída en manos del EI es solo cuestión de tiempo. Hasta el momento, la cifra de fallecidos en Kobane asciende a 400 víctimas, un drama humanitario al que se suman los 300.000 desplazados y 180.000 refugiados que han entrado ya en Turquía, dos tercios de los cuales llegaron a sus fronteras en tan solo 48 horas.


El presidente de Estados Unidos, Barak Obama, aseguró la mañana del jueves que "seguirá logrando avances" y anunció la posible creación de una zona neutral para refugiados en la frontera entre Siria y Turquía, una iniciativa respaldada también por Françoise Hollande y David Cameron.


 


 


 


Toque de queda en Turquía


Las protestas ciudadanas que azotaron el sudeste de Turquía la pasada semana se zanjaron con casi una veintena de fallecidos. Los manifestantes kurdos acusaron al gobierno de Erdogan de “inacción” ante la masacre que sufren sus ‘hermanos’ a manos del EI en Kobane, justo al otro lado de la frontera.


Las manifestaciones, que comenzaron como reuniones pacíficas, se concentraron en numerosos focos alrededor del país. Sin embargo, entre la multitud de ciudadanos kurdos que reclamaban el apoyo del gobierno para combatir la invasión terrorista en el territorio vecino, se colaron también diferentes grupos insurgentes y extremistas, a quienes se acusa de haber prendido la chispa que precipitó los enfrentamientos.


En las protestas se encontraban presentes miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán –PKK– considerado como grupo terrorista no solo en Turquía, sino que también es calificado así por la Unión Europea y Estados Unidos. Este grupo trabaja en consonancia con las Unidades de Protección Popular que en estos momentos intentan batir el avance del EI sobre el terreno. Fuentes oficiales denunciaron también la presencia del Hezbolá turco, que nada tiene que ver con la organización islamista libanesa de Hassan Nasrallah.


Hace apenas dos semanas desde que las fuerzas de seguridad de Erdogan emplearon gas lacrimógeno para contener a un gran número de jóvenes aglutinados en la frontera que pretendían cruzar hacia Siria para poner freno a la ofensiva del EI en el país vecino. En esta ocasión las autoridades volvieron a abrir sus mangueras lanzando cantidades ingentes de este gas y balas de goma para controlar los disturbios. Algunos manifestantes respondieron disparando cócteles Molotov y atacaron varios edificios gubernamentales, entre ellos las sedes de diferentes formaciones políticas, como el Partido para la Justicia y el Desarrollo que actualmente se encuentra al mando del gobierno.


De vuelta a la calma, el ejecutivo turco decretó el toque de queda en 6 provincias que ya se encuentran bajo control del ejército. Las fuerzas armadas desplegaron sus carros blindados el miércoles alrededor de los principales focos de las protestas. El Ministro de Agricultura turco, Medí Eker, confirmó en una rueda de prensa el mismo día, que 10 de las víctimas perdieron la vida en la ciudad de Diyarbakir y 2 en Mardin. Asimismo, tanto Eker como diferentes medios de comunicación locales señalaron a los partidarios de Hezbolá como autores de los asesinatos, pues supuestamente habrían disparado a sangre fría contra los manifestantes. En total, 30 personas fueron arrestadas y 45 continúan ingresadas en los hospitales. Solo uno de los fallecidos perdió su vida a manos de los agentes policiales, tras impactar en su cabeza una de las granadas de gas lacrimógeno lanzada por las autoridades.


Pese a los vaivenes que ha sufrido el gobierno en materia de política durante los últimos años, más recientemente con el regreso de Erdogan al poder y la paulatina radicalización islámica de todos los estamentos que ha puesto en marcha el ‘sultán’, no se recordaba un repunte semejante de la tensión entre las autoridades y los grupos de insurgencia desde los años 90.


El PPK nació en los años 80 como una formación integrada por combatientes que luchaban por la independencia del pueblo turco. 40.000 muertes más tarde, en 2012 se consiguió abrir un proceso de negociación entre el ejecutivo y los independentistas kurdos. Para llegar a este punto ambas partes han tenido que nada en un mar de rencor y limar sus objetivos. Actualmente los prokurdos se concentran en la reivindicación de determinados derechos sociales y políticos por los que buscan favorecer la concesión de una mayor autonomía a su pueblo. El que sigue siendo el líder indiscutible del PKK pese a cumplir cadena perpetua en una prisión turca, Abdulá Ocalan, ha sido el primero en poner de manifiesto el peligro que supone el desenlace de los últimos enfrentamientos, que amenazan con abrir una nueva brecha que acabe por dinamitar el proceso de paz que tantos años ha costado construir.


 


 


Represión de los manifestantes kurdos por las autoridades turcas, Vía Infobae. Represión de los manifestantes kurdos por las autoridades
turcas, Vía Infobae.