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América Latina

Evo Morales reafirma su influencia en Bolivia

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Por: Alba Gallego


 
Con los resultados definitivos aún pendientes, el Tribunal Supremo Electoral señaló el jueves a Evo Morales como vencedor de las elecciones presidenciales bolivianas, con aproximadamente el 60% de los votos según revelaron los sondeos a pie de urna.
Desde la sede presidencial, Morales se asomó al balcón del Palacio Quemado, saludó a sus simpatizantes y apuntaló su victoria: “agradecemos por este nuevo triunfo del pueblo boliviano”, manifestó. El presidente brindó su éxito a aquellos envueltos en el combate del sistema capitalista, como Hugo Chávez y Fidel Castro: "ha ganado la dignidad y la soberanía del pueblo boliviano y está dedicado a todos los pueblos del mundo que luchan contra el imperialismo", subrayó el líder de Bolivia. No obstante la victoria para el boliviano no estará asegurada hasta que consiga el beneplácito de los miembros de la Cámara Alta de la Asamblea Legislativa, elegidos también en el transcurso de estos comicios.


Pese a la ausencia de los resultados determinantes, es poco plausible que Morales logre ser alcanzado por el segundo candidato más votado –con un 25%– Samuel Doria Media, quien se postuló como representante del partido Unidad Demócrata. El mismo Doria dio por truncada su carrera presidencial en cuanto fueron revelados los datos: "vamos a trabajar para llevar adelante esa tarea de fiscalización pero también para construir una alternativa en nuestro país”, aseguró al ser preguntado por sus próximos pasos.


El ex presidente boliviano, Jorge Tuto Quiroga, y Fernando Vargas, del Partido Verde, fueron los favoritos más desafortunados. Tuto se quejó de “los agudos ataques” a los que fueron sometidos él y su equipo durante toda la campaña y señaló que Morales pudo sacar provecho de su condición, haciendo hincapié en los medios de comunicación: “del canal del Estado y toda la artillería pesada que tienen”, apuntó el ex mandatario. Al conocerse el desenlace de los comicios, Tuto señaló entre sus objetivos principales "luchar contra quien quiere perpetuarse en el poder" y "seguir defendiendo la democracia boliviana”.


En conjunto, cerca de 6 millones de ciudadanos fueron llamados a las urnas el pasado domingo para escoger nuevo presidente y miembros del Parlamento, entre ellos 36 senadores y 130 diputados. Tras depositar su voto a primera hora del día, Morales afirmó que esperaba una “asistencia masiva” a los colegios electorales, nada sorprendente si se tiene en cuenta que en Bolivia, al igual que en otros puntos del continente, el voto es obligatorio para todos aquellos que figuren en el padrón electoral. A ellos se suman los residentes en el extranjero, algo más de 272 mil personas, de las que un 43,43% se postularon a favor de Doria Medina.


A pesar de las asperezas entre los candidatos, la jornada electoral se desarrolló con normalidad bajo la atenta mirada de los observadores oficiales del proceso: el ex presidente de Guatemala, Álvaro Colom, y la Organización de Estados Americanos. Las autoridades bolivianas, en aras de mantener la ecuanimidad en el proceso, decidieron restringir el comercio y el consumo de bebidas alcohólicas durante los dos días previos a la jornada de votaciones. Con la misma intención acordaron la limitación de las celebraciones públicas, aunque no se entienda del todo su posible influencia sobre los resultados.


 


 


La figura de un líder


Evo Morales saltó a la palestra en 2003, a la cabeza del Movimiento Al Socialismo, partido que alcanzó un gran protagonismo durante las protestas sociales de ese año, las cuales pusieron fin a la era de Gonzalo Sánchez de Lozada. Además ha estado involucrado en la esfera política desde la década de los 90, como presidente del Comité de Coordinación federal de productores de Coca, puesto que mantiene desde 1996.
Tras su victoria en los comicios del año 2005, Morales se convirtió en el primer presidente indígena y con esta reelección afrontará su tercera etapa, consiguiendo también el récord de tiempo como líder del país. Aún en el caso de que decidiera no presentarse en 2020, llegaría un total de 14 años, superando a Víctor Paz Estenssoro y a Andrés Santana Cruz. Llegados a este punto, la carta magna boliviana no comprende la viabilidad de un nuevo mandato presidencial, a lo que el presidente ha comentado que buscará a alguien que conduzca por su misma senda ideológica.
Los sondeos previos a las elecciones auguraban ya un aplastante triunfo para Morales. La confianza devuelta por la ciudadanía se debe al paulatino repunte económico de Bolivia durante los últimos años. Desde 2006, el país ha crecido a un ritmo del 5% anual y subirá medio punto más a finales de año, convirtiéndose en el territorio sudamericano de mayor despegue según el Fondo Monetario Internacional. De manera paralela disminuyó la pobreza, reduciéndose en un 25% a tenor de las informaciones publicadas por el Instituto de Estadística de Bolivia. Como es natural, los de MAS emplearon como pilar de campaña estos datos, aunque según la oposición, en realidad la mayoría económica se fraguó durante la década de los años noventa, una década antes de la llegada al poder de Morales y los suyos.
La seguridad ha sido otro de los factores decisivos al ser uno de los temas que más preocupan a los electores. El desarrollo económico vino también acompañado del nuevas sacudidas de violencia en grandes ciudades, aunque la tasa de comicios continúa siendo inferior a la media registrada en el resto del continente, 12 de cada 100 mil habitantes. El año pasado Bolivia copó las portadas de los diarios de medio mundo tras desatarse varias olas de linchamientos de vecinos que se tomaban la justicia por su mano. Los partidos opositores se plantean medidas más contundentes que las presentadas por el MAS hasta el momento, algunos han apuntado a la cadena perpetua por delitos de alto calado, como el tráfico de personas.
A favor de Morales juegan sus raíces indígenas y mediante su función de emisario de la cultura aymara, siempre ha sido un firme defensor de los derechos de las diferentes razas. Su presencia política ha contribuido a una disminución de los índices de racismo en el país, así como ha favorecido la imagen de los ciudadanos indígenas en el exterior. “Él representa el ascenso social, la mirada de todos los alteños y el éxito, más allá del color de piel y de sus orígenes aymaras”, declaró un renombrado bloguero del país, Mario Durán.
El comercio energético sin embargo es un tabú. Las arcas del Estado sufragaron el desarrollo social y financiero de Bolivia con dinero proveniente de la venta de combustibles, como el petróleo y el gas, a Brasil, Venezuela y otros países vecinos. En este sentido, Morales se ha paseado por la cuerda floja, abrumado por mantener el equilibrio entre la explotación de los recursos naturales y los beneficios económicos que favorecen el cambio que se está llevando a cabo en últimos años. La cautela por su parte es más que necesaria, pues su llegada al poder estuvo marcada por la pequeña ‘revolución’ de El Alto y su demanda de nacionalización del gas natural en defensa de su territorio y su identidad. Desde entonces “el Estado, fuerte, controla los recursos naturales y tiene una gran capacidad de generación de excedentes que se utilizan para ampliar el Estado, lo que crea muchas más adhesiones al gobierno”, resumió el periodista Fernando Molina en declaraciones a la BBC.