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América Latina

Brasil: gana la izquierda por menos

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Por Isaac Bigio
Brasil y Uruguay tuvieron elecciones presidenciales el mismo domingo final de Octubre. En ambos países gobierna la izquierda, la cual siempre ha sido electa en balotaje.


¿Izquierda vs derecha?
La reelección de Dilma, la mujer más votada en la historia humana, podría ser festejada por la izquierda mundial como su mejor elección. Fuera del Brasil en ningún otro país un candidato que se proclame socialista ha superado los 50 millones de sufragios, cosa que si ha pasado 4 veces seguidas en el coloso amazónico.
Sin embargo, consiste un simplismo reducir la dicotomía electoral brasilera a un duelo entre izquierda y derecha, pues, como veremos luego, los 3 candidatos principales se autoproclaman ‘izquierdistas’ y todos ellos han sido apuntalados tanto por fuerzas que se han reclamado ‘marxistas’ y ‘leninistas’ como por conservadoras.
‘Partido de los Trabajadores’ (PT) se llama el de la mandataria Dilma Rousseff que en la primera ronda obtuvo 41.59% de los votos válidos, ‘Partido de la Social-Democracia Brasilera’ (PSDB) el de Aécio Neves que sacó  el 33.55% y ‘Partido Socialista Brasilero’ (PSB) el de Marina Silva que obtuvo 21.32%.
Estos tres partidos, a su vez, han conformado sus respetivas coaliciones, todas ellas con nombres ‘moderados’. Dilma comanda a la coalición ‘Fuerza del Pueblo’, Aécio a la de ‘Cambia Brasil’ y Marina a la de ‘Unidos por Brasil’.
Se supone que Dilma representa a la izquierda pero en el frente de Aécio figuran dos partidos autoproclamados ‘trabajadoristas’, incluyendo el PDT de Brizola que a inicios de los 1960s fue el  ‘cuco’ de la derecha brasilera.  Aécio fue apoyado abiertamente por el sucesor del partido comunista más grande que hayan tenido las Américas: el brasilero, y luego los socialistas de Marina le endosaron en el balotaje.
Marina, por su parte, ha sido la única de los grandes candidatos en provenir de cuna humilde y tener tez oscura (esta mulata fue analfabeta hasta siendo quinceañera). Ella militó en el Partido Revolucionario Comunista y luego en el PT donde fue ministra.


En cambio, los herederos de los dos partidos que la dictadura militar de 1965-85 creó como base de su sistema bipartidista son parte del gobierno lulista.
La antigua ARENA (el partido oficial de la junta de nombre similar al de la ultraderecha que gobernase El Salvador) liderada por Paulo Maluf, ex candidato de la dictadura y ex alcalde y gobernador de Sao Paulo, se ha rebautizado como ‘progresistas’ y conforma el gobierno del PT, el cual no entrega Maluf a la Interpol que le sindica de graves cargos de corrupción y lavado de dinero.
El Partido Movimiento Democrático Brasilero (PMDB), sucesor del partido que la dictadura aceptaba como su oposición cautelada, detenta la vicepresidencia y es la primera fuerza a nivel nacional en término de miembros, parlamentarios y gobiernos estaduales.
Del PMDB llegó al poder en 1985 de manera indirecta y en base a una alianza del PMDB de Tancredo Neves y José Sarney, quien se pasó a su lado dividiendo al partido oficialista de la junta. Neves murió con solo 5 semanas en la presidencia, la cual dejó a Sarney quien la ejerció en 1985-90.
El PMDB de Sarney volvió al poder en los comicios de 1990 con Itamar Franco quien primero fue el vicepresidente de Fernando Collor de Mello, quien fue echado de palacio por cargos de corrupción mediante grandes protestas populares, y luego le reemplazó en la presidencia en 1992-95.
El PMDB fue la principal fuerza promotora de los ajustes y privatizaciones contra las cuales el PT irrumpió liderando huelgas y marchas masivas.
Hoy el PMDB y Maluf, líder del ala del ARENA opuesta a la de Neves y a apoyar a un gobierno diferente al de la junta en 1985, son parte activa y esencial en la coalición gubernamental.
Michel Temer del PMDB ha sido reelegido para seguir detentando el cargo de vicepresidente del Brasil que ocupa desde el 2011. El PMDB es el principal partido en el parlamento. Tiene 18 senadores y 66 diputados, frente a 12 y 70, respectivamente, del PT.


Pocas diferencias
El PT lidera el Foro de Sao Paulo, entidad que agrupa a toda la izquierda continental (desde fuerzas pro-guerrilla en Colombia hasta bastante ‘moderadas’), y ha promovido una versión de izquierda distinta a la del ALBA impulsada por Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Según el PT hay que evitar una confrontación abierta con el conservadurismo empresarial y eclesiástico y con EEUU buscando crear gobiernos con sectores de la derecha para ir progresando gradualmente. Para estos el chavismo promueve mucho el culto a la personalidad al presidente constantemente reelecto y el desarrollo de un gran partido aglutinante y abiertamente socialista.
Ciertamente que esa estrategia ha hecho que Lula sea considerado hasta por los medios financieros británicos como uno de los más grandes estadistas del siglo XXI. No obstante, esa popularidad, al igual que la de Mandela, se da a costa de no tocar los intereses de quienes fueron sus adversarios históricos y las grandes empresas.
El PT ha quedado reducido a ser un prisionero de sus aliados. Su coalición hoy controla el 59% de la cámara baja y el 64% de la alta, pero dentro de éstas el PT apenas posee entre 14% y 15% de los curules.  No puede hacer pasar todas las leyes que quisiese y solo puede validar aquellas que sus aliados que conformaron los dos partidos de la junta militar de 1964-85 acepten.
La oposición principal al PT la lidera el PSDB cuyo líder fue el sociólogo ‘progresista’ Fernando Henrique Cardoso (presidente brasilero en 1995-2003), el cual se forjó luchando contra el PMDB ofreciéndose como una alternativa a su ‘izquierda’.
No obstante, el PSDB fue dejando su inicial centro-izquierdismo para amoldarse a las políticas de sus aliados del Frente Liberal, sucesores de un ala de la ARENA.
Precisamente una de las características de la política brasilera es que ésta está conformada por numerosos partidos y personalidades que debutaron en la izquierda (incluyendo la anticapitalista) y que acabaron amoldándose a la constitución y al modelo heredado de la junta militar y de sus continuadores democráticos.


Estados
Muchas de las alianzas que se dan son frágiles y sin principio. Pactos que rigen a nivel nacional son invertidos a nivel regional.
Brasil tiene 26 Estados, algunos más poblados y poderosos que la mayoría de las repúblicas latinoamericanas. Sao Paulo, por ejemplo, tiene más gente y producción que Perú.
Nuevos partidos diferentes han conseguido alguna de esas 26 gobernaciones estaduales, en algunos casos uniéndose a sus enemigos a nivel nacional o combatiendo a quienes secundaron en las presidenciales.
El PT ganó en 5 de los 26 Estados y su socio PMDB en 8 Estados, incluyendo Río de Janeiro. Sao Paulo,  que genera un tercio del PBI brasilero, siguió en manos del PSDB.
Sao Paulo que fue el bastión de Lula y el PT, reeligió masivamente a Gerardo Alckmin  en primera vuelta con 12.230.000 votos (más que Santos, Humala, Kirchner o cualquier presidente andino). Él obtuvo 57% frente a solo 18% del PT, quien incluso perdió en varios de sus reductos obreros históricos.
El Partido Comunista do Brasil (stalinistas que apoyaron a China y luego a Albania) arrasaron con el 63% en Marañón pero Dilma, a quien apoyaron para presidente, prefirió votar por el PMDB contra ellos mostrando que ella está más cercana a los anteriores gobiernos de derecha que a los más ‘rojos’.
Todas las coaliciones tienen partidos que se llaman ‘trabajadoristas’, ‘izquierdistas’ o ‘socialistas’. El PT, a su vez, tiene como aliado suyo a un Partido Social Demócrata (que no debe confundirse con el PSDB y que fue conformado sumando a restos de otros partidos descritos).
Igualmente en los programas sociales todos revindican éstos, incluyendo el bono de familia y los planes para erradicar el hambre.
El PT, por su parte, ha hecho hincapié que éstas podrían ser cuestionadas en caso que ellos dejen el poder y que ellos, a diferencia de sus contrincantes, no van a permitir que el Banco Central tenga autonomía para devaluar.
No obstante, el PT carga con cuantiosos cargos de corrupción, ha sido el blanco de numerosas protestas masivas por la forma en la cual el transporte sigue siendo caro y malo y cómo se hicieron despilfarros en el mundial y no inversiones en salud y educación. Es el partido más financiado por la agro-industria, pese a que los ecologistas le acusan de estar perjudicando a la jungla.
El PT ha sido considerado como el mal mayor por parte de los sectores más socialmente conservadores que quisieran anular leyes que favorecen al aborto o la homosexualidad. Miles de líderes cristianos han usado el púlpito para llamar a votar contra este gobierno al que acusan de dañar a la familia.
Los sectores más liberales también conciben que sin el PT habría menos compromisos con los sindicatos y más posibilidades para hacer que su país y toda la región marche hacia políticas más abiertas al libre mercado.
No obstante, gran parte de la oposición al PT ha venido de parte de sus propias bases sociales.
La reelección de Dilma muestra que el PT y sus aliados aún conservan popularidad debido a sus reformas sociales, pero hace que el PT ya no tenga tanto peso. Por una parte ha perdido varias diputaciones y puntos porcentuales y por otra el PMDB, que le supera en número de parlamentarios y Estados, se sentirá más fuerte para presionar por su propia agenda.
Ciertamente que el triunfo de Dilma consolida a Suramérica como el continente más alineado a la izquierda hoy a nivel mundial, donde solo Colombia y Perú tienen gobiernos del centro a la derecha. Empero, los gobiernos de la izquierda brasilera, chilena y uruguaya aún son frágiles y están bajo la presión de las constituciones y sistemas que no han podido ni parece quieren trastocar.
*Foto Reuters