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El mejor español se habla en...

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Por: Sara Vanilla


 


 


 


 


El español o castellano es una lengua romance que se extiende hoy por todo el planeta. Es la segunda lengua más importante del mundo y la tercera más hablada. El número de personas que hablan el español como lengua materna asciende hasta los 332 millones en todo el planeta. Son 425 millones de personas si incluimos también a aquellos que la utilizan como segunda lengua.
Es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU y también es utilizado en varias de las principales organizaciones político-económicas internacionales.


 


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Estreno una sección en la que se me permite opinar sobre ciertos temas relacionados con el lenguaje. Y así, de entrada, se me ocurren muchos comentarios acerca del tema, pero me he decidido empezar por desmentir dónde se habla mejor el español. Esta mañana he escuchado a un andaluz pronunciar el titular de este artículo, seguido del nombre de un lugar que se encuentra en un punto de la Península Ibérica que todos conocemos y que voy a obviar porque pienso que el mejor español no se habla en ningún lado.


Ya está bien de repetir esa frase sobre dónde se habla mejor nuestra lengua, la afirmación no nos deja en un buen lugar al 97% de los hablantes del español. Me parece una afirmación desfasada, pobre y cutre. Me huele a habitación cerrada durante 40 años cuando la realidad es que deberíamos abrir la mente y darnos cuenta que todas lengua es una entidad viva que evoluciona constantemente.


Empecemos por lo básico. La función de una lengua es la de servir de instrumento de comunicación para una serie de hablantes, y cada lengua es una forma de estructurar la realidad. Por tanto, por cada realidad que se diferencie un poco de otra habrá, no tanto una lengua diferente -si hablamos de un mismo territorio-, pero sí una variedad diferente. El clima, la geografía, todos son factores que influyen en la lengua, al igual que las migraciones en el pasado o el contacto con otras lenguas. Solo en la variedad canaria, por poner el ejemplo que más cerca me queda al ser, tenemos decenas de términos que proceden directamente del portugués por ese momento en el pasado que casi tiene como desenlace que las Canarias formaran parte de Portugal y gracias a estos préstamos se pueden ver trazos en nuestra historia en la forma en que hablamos en esta zona hispanohablante. Por lo tanto, una variedad es un estado de la lengua que se ha visto enriquecida con el paso del tiempo, que se ha adaptado y que sigue cumpliendo su función básica, que es la de comunicar ¿Cuál es aquí el problema?


Todavía hoy tengo que escuchar decir a personas que, irónicamente, hacen uso de una de esas variedades menos prestigiosas, que el mejor español se habla en X. Quiero pensar que se trata de una simple falta de reflexión y que no es sino una repetición de lo que le ha oído decir a una persona, porque por mucho que le dé vueltas a esa afirmación me niego a aceptar el hecho de que hablo mal porque hablo diferente. ¿Diferente a qué o a quiénes?


¿Cómo se puede explicar que aquello que hace especial a una variedad, por ser un elemento distintivo de la misma, es precisamente aquello que la hace peor? Es la variedad lo que enriquece al conjunto, no aquello que lo empobrece, y si la lengua española contara con una única variedad sería una lengua pobre. Pero no es el caso y esto debemos tenerlo como referencia.


La lengua española es una de las más ricas que existen. Y no solo se quedó en territorio europeo, sino que además viajó a América (obviemos las circunstancias y centrémonos en lo lingüístico) y ahí se volvió a enriquecer, porque cada territorio la adaptó a su realidad y le añadió elementos de la lengua que se hablaba originalmente en el lugar. Gracias a esto, en español, uno puede apuntar a la misma realidad utilizando diferentes formas. Y eso, repito, se llama riqueza.


Nuestra lengua materna es uno de los elementos que más nos definen, y nuestra variedad nos da un matiz a todos y cada uno de los hablantes del español. Con nuestra variedad hablamos del mundo, de nuestras ideas y nuestros sentimientos de una forma especial. Habrá quien diga que hay que tratar de conservar ese español que por tradición se considera el mejor, pero es que este español no es más que otra variedad, como la tuya y la mía, y se trata una variedad tan bonita y válida como cualquier otra y me parece bien que se conserve, en este caso, al igual que me parece bien que se conserven esqueletos de dinosaurios en los museos para que todos podamos ver cómo eran las cosas en otra época, pero no creo que deba recibir ni más ni menos elogios (ni más protección, porque las variedades se protegen ellas solas) que cualquier otra variedad.


Si la función de una lengua es la comunicación y uno es capaz de expresar las ideas que tiene en la cabeza a través de la palabra, ¿habla mal? Estamos en una época en la que se lucha por la igualdad de género, de raza, social, etc. ¿Qué ocurre con la igualdad lingüística? Lo mismo. La discriminación lingüística también se da en ciertos ambientes; existe y es una realidad. Y es igual de dañina que cualquier otro tipo discriminación, sólo que esta es más sutil y se habla menos de ella (pero este es un tema que nos ocuparía otra página y media).


Amo lo diferente en mí y en los demás, y en todas las situaciones en lo que lo diferente se manifiesta. Porque eso, como he dicho, es lo que lo hace especial, único e irrepetible. Pensemos en esto. Amemos a nuestra variedad tanto como amamos a nuestra lengua. Y respetémonos a nosotros mismos y respetémosla a ella. 


pag 14 foto ppal credito Leticia García