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Reino Unido

Las disculpas de Ronald Reagan a Margaret Thatcher por la invasión de Grenada

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Por: Naiara Álvarez Panizo





El pasado lunes salieron a la luz pública por primera vez unas conversaciones entre la “Dama de Hierro” Thatcher y Ronald Reagan, que por aquel entonces era el presidente de Estados Unidos. En dichas grabaciones Reagan pide perdón a la Primera Ministra por la invasión de Grenada que tuvo lugar en 1983. Esta pequeña isla era miembro de la Mancomunidad Británica de Naciones (MBN) y no salió de la zona de influencia del Reino Unido ni siquiera en el periodo en el que estuvo gobernada por el revolucionario Maurice Bishop, entre los años 1979 y 1983. Fue por este motivo por el que el mandatario estadounidense tuvo que explicar a la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, por qué Washington asumió el 'derecho' de injerirse de manera violenta en los asuntos internos de Granada cuando Bishop fue derrocado y ejecutado por las fuerzas izquierdistas de su propio Gobierno. Al ser una nación de la MBN, el monarca británico es formalmente la Jefa de Estado. Ella es representada por un Gobernador General, aunque el poder ejecutivo real recae sobre el líder del gobierno, el Primer Ministro. Aunque el primer ministro es nombrado por el Gobernador general, este suele ser el líder del partido con más representación en el parlamento.
Entre las palabras de disculpa que Ronald Reagan pronuncia por teléfono a Thatcher se encuentran declaraciones como: “sentimos mucho la vergüenza que le hemos causado”. La primera Ministra se cabreó bastante porque los norteamericanos no le consultaron antes de dar el paso e invadir la isla caribeña de Grenada. Estados Unidos mandó tropas para terminar con el Régimen Marxista que dominaba la isla. Reagan dio el paso de llamar a Margaret Thatcher cuando sus tropas aún seguían en la isla. Otra de las frases más destacadas de las disculpas del presidente norteamericano fue: “Si estuviera allí, Margaret, lanzaría mi sombrero a la puerta antes de entrar”, refiriéndose a una costumbre de la época de la Guerra Civil estadounidense, en la que un visitante lanzaba su sombrero al suelo antes de entrar en una habitación, y si su presencia no era apreciada podía ser expulsado o mucho peor, disparado.
Thatcher por su parte le respondió “no hay necesidad de eso” y el mandatario americano le explicó que sería sólo cuestión de horas el movilizar a las tropas, pero que le fue posible hablar con ella antes por miedo a una falta de seguridad.
Todo esto salió a la luz después de que el historiador William Doyle esperara 18 años a que las autoridades de EEUU hicieran pública esta conversación, a petición suya por supuesto.