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Horst P. Horst, el fotógrafo de la elegancia y el estilo, está en Londres

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Por: Laura Lorenzo


 


 
Horst cuya huella es detectable en Dalí, Chanel, Mapplethorpe, Warhol, Ritts, Madonna o en la maravillosa estética de las mejores películas de la edad dorada de Hollywood quedará inpregnada por la gran exposición Horst: Photogrpaher of Style, que organizará entre el 6 de septiembre de 2014 y el 4 de enero de 2015 el Museo Victoria & Alberto de Londres, una pinacoteca pública que está destacando entre las mejores para servir como referente y quitarle galones a otros espacios artísticos de la capital inglesa.
Las entradas cuestan 9 libras esterlinas, unos 11 euros, y ya se pueden comprar en línea, serán exhibidas 250 fotografías que abarcan seis décadas de carrera, modelos de ropa (entre ellos el corsé Mainchober que Horst retrató en 1939 en una de sus imágenes más duraderas), fragmentos de películas, objetos del artista y reproducciones de las cubiertas de Vogue que firmó a partir de 1932.
Conociendo a Dalí
Durante sus años en París, a donde había llegado a finales de los años veinte con la pretensión de estudiar arquitectura con Le Corbusier, Horst había recibido la tutela del exnoble ruso George Hoyningen-Huene, uno de los grandes pioneros de la fotografía de moda. De su mano comenzó a frecuentar los ambientes heterodoxos y bohemios del arte más radical y tuvo amistad, entre otros, con Salvador Dalí, para quien hizo las fotos del vestuario de la pieza de ballet Bacchanale (1939), de Leonid Massine. También firmó en esta etapa sus obras más opacas, como Electric Beauty (Belleza eléctrica, 1939).
El segundo rasgo personal en las fotos de Horst es el leve aire de trastorno que se percibe pese a la perfección formal. “Mis mejores fotos siempre son un poco locas, tienen algo que no cuadra: un cenicero sucio, algo...”, decía Horst quitando importancia al punto de delirio que asomaban las imágenes para quitarles academicismo, como los retratos de estudio en los que incluía en el cuadro el desorden que rodeaba a la modelo.
Un mundo de color
Horst siempre abierto a la experimentación de nuevas fronteras, asumió la universalización de la fotografía en color con naturalidad. Algunas de sus fotos para Vogue tuvieron una influencia directa en el estilo que desarrollaría, por ejemplo, Irving Penn.
Para Martin Roth, el director del Victoria & Alberto, Horst fue “uno de los más grandes fotógrafos de moda y sociedad" del siglo XX, del que ha dejado "imágenes famosas y evocadoras”. Horst: Photogrpaher of Style, añade, “alumbrará todos los aspectos de la larga y distinguida carrera” y demostrará que el legado del fotógrafo “influye en el trabajo de artistas y diseñadores contemporáneo”.
Exquisito galán y homosexual
El retrato al óleo de Christian Bérad en 1933 nos enseña un extenuado y reflexivo Horst, y en la imagen de Cecil Beaton aparece como un galán de serie negra de Hollywood en 1948. Horst era homosexual, algunas veces en un grado menor un poco excéntrico y exquisito hasta la médula. "Me gusta hacer fotos porque me gusta la vida y me gusta retratar a personas porque amo a la raza humana", confesó en alguna de sus escasas entrevistas. Aprovechó el onirismo surrealista para añadir vanguardia a las fotos de moda.
Ese humanismo estaba dividido por dos corrientes galvánicas,que son las que daban a su obra un carácter incomparable y único. Era un vanguardista: basta ver Lisa with Harp (Lisa con arpa, 1939), donde la primera top model de la historia, Lisa Fonsagrives, posa desnuda y meditante tras el cordaje del instrumento, o la cubierta de Vogue de 1940 donde la misma modelo forma con su cuerpo las letras de la cabecera de la revista, para entender cómo Horst se servía de las vanguardias artísticas, sobre todo del onirismo surrealista, para hacer que sus fotos de moda hiciesen un guiño artístico al espectador sin perder el fondo de inmediatez comercial del género.
Entre viajes y cine
La exposición también incluirá una selección de los retratos de estrellas del cine que el entonces cotizado y admirado artista hizo entre los años treinta y cuarenta, entre ellos los de Rita Hayworth, Bette Davis, Vivien Leigh, Noël Coward, Ginger Rogers, Marlene Dietrich y Joan Crawford, y las mucho menos conocidas fotos de sus viajes a Israel, Siria, Italia, Marruecos e Irán, entonces Persia, donde retrató con la misma intensidad que manejaba en el estudio las ruinas de Persépolis.


En los años cincuenta retrató musculosos desnudos masculinos. También son una sorpresa las texturas y collages de formas naturales, con detalles de macrofotografía de flores, minerales, conchas marinas y alas de mariposas y los desnudos masculinos que retrató en los años cincuenta para una exposición en París, usando iluminación muy dramática para acentuar la musculatura y belleza de los cuerpos.


Cuando las fotos de Horst P. Horst (1906-1989) llegaban a manos de la mítica y caprichosa Diana Vreeland, gran gurú de la moda y editora de Vogue, la Divina V permaneció "intoxicada durante horas", según confesaba ella misma, una mujer dura y nada amiga de complacencias. Lo que hacía Horst, como prefería abreviar su nombre y por todos era conocido, tenía algo de alquimia y un aroma que emanaba de la copia: era la elegancia en estado puro.
Frecuente e injustamente olvidado porque se dedicó, sobre todo, a la moda, Horst ha influido en la imagen del siglo XX y ha proyectado una manera de entender la elegancia que va más allá de la belleza formal o el simple glamour. "La moda es el signo de los tiempos. La elegancia es... algo más. Nunca pensé en la moda como forma de vida, pero la elegancia sí lo es: he vivido con ella", solía decir, incapaz él mismo de verbalizar el misterio seductor de sus mejores imágenes, cada una de las cuales tardaba días en preparar en el estudio.


 


 


 


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