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Aprenda a controlar la Rabia

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Los episodios de ira aumentan el ritmo cardíaco, la presión arterial y los niveles de las hormonas adrenalina y noradrenalina, también suele aparecer sudor, enrojecimiento, aumento de la tensión muscular, aceleración de la respiración, aumento de la energía y de la gesticulación.


 Por Gabriela Garrido
gaba48@hotmail.com


Definida como una respuesta natural ante una persona, una circunstancia o un recuerdo irritante, la rabia o ira permite al ser humano luchar y defenderse cuando se siente amenazado o agredido. En ese sentido, se puede decir que una cuota de ira es absolutamente imprescindible para la supervivencia. Sin embargo, cuando se torna incontrolable, la rabia es una emoción destructiva que desata interferencias en las relaciones afectivas y sociales.


Sandra Navarrete, psicóloga de la Clínica Santa María en Chile, explica que “las emociones son un estado que sobreviene súbita y bruscamente, siendo la rabia la emoción más pasional. Su activador principal es el control, ya sea físico o psicológico. Pero la rabia también es la emoción potencialmente más peligrosa cuando se transforma en ira y se pierde el control. Puede provocar destrucción y daños innecesarios. En casos extremos consigue transformarse en patología, lo que cabría dentro de los trastornos en el control de los impulsos”.


Por su parte, Sandro Mazzucato, psicólogo venezolano, identifica dos grandes categorías de situaciones desencadenantes de esta emoción:


Situaciones frustrantes


Obstrucción del acceso a una meta: cuando la consecución de nuestros objetivos se ve interrumpida, la valoración cognitiva (los pensamientos) que la persona lleve a cabo sobre la relación entre su conducta y el resultado de la misma determinará el tipo de emoción resultante. Cuando se estima que se puede actuar sobre los factores que bloquean su acceso, restableciendo las situaciones previas, aparece la ira.


Transgresión de las normas y derechos: cuando se sobrepasan las normas sociales, se vulneran nuestros derechos o nos tratan de una forma injusta sentimos ira.


Extinción de contingencias aprendidas: cuando no aparece la recompensa que esperamos tras realizar una conducta nos enfadamos (por ejemplo cuando no sale la lata de coca-cola después de introducir la moneda).


 Situaciones aversivas


Las experiencias desagradables favorecen la emoción de ira facilitando la expresión de conductas agresivas. El ejemplo más claro de ello es la experiencia de dolor. Así por ejemplo, cuando algo nos duele, florece nuestro mal carácter.


 Según los entrevistados, existen rasgos de personalidad y del entorno sociocultural que actúan modulando distintos aspectos del proceso emocional de la ira.


Factores de personalidad: experimentan más estados de ira las personas extrovertidas frente a las introvertidas. Los neuróticos tienen una ira más intensa y frecuente que las personas con baja neurosis. Así mismo, las personas con más autoestima y con un mayor rasgo narcisista tienden a experimentar ira de forma más frecuente.


Factores ambientales o del contexto: el contexto sociocultural modula la expresión de ira (por ejemplo parece peor vista en clases socioeconómicas altas). En las sociedades individualistas como la occidental está mejor aceptada que en las colectivistas (por ejemplo la cultura oriental), donde se da un importante valor al autocontrol y a la inhibición de la ira.


Cuerpo y mente


 A diferencia de otros estados emocionales, la culpa tiene una característica que la distingue: la presencia de síntomas tanto físicos como psicológicos.


 Físicos. Se definen por expresiones fisiológicas reactivas: aumento del ritmo cardíaco, presión sanguínea y niveles de adrenalina y noradrenalina, dolor de estómago, sudoración, sensación de ahogo, opresión en el pecho, insomnio.


Psicológicos. Se manifiestan emocionalmente: ideas distorsionadas, pensamientos de autoreproches, nerviosismo, desasosiego, angustia contenida, agresividad, irascibilidad.
Los efectos físicos y psicológicos de la ira afectan la salud a corto y largo plazo. Pasar por periodos regulares e intensos de ira puede provocar problemas a diversos niveles:



  • Digestión – puede contribuir al desarrollo de enfermedades como la colitis ulcerosa (inflamación y úlceras en las paredes del intestino delgado), gastritis (inflamación de las paredes del estómago) o Síndrome del Colon Irritable.

  • Sistema inmune –ser más propenso a infectarse por el virus de la gripe y recuperarse más lentamente de accidentes u operaciones.

  • Corazón y sistema circulatorio – puede incrementar el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria del corazón o un derrame cerebral.

  • Salud mental –puede provocar depresión, adicción, autolesiones, compulsividad y comportamientos intimidatorios.


Reacciones ante la ira


Mazzucato identifica cuatro reacciones básicas ante la ira:


Suprimirla. Es la peor opción. Al negarla, el individuo la vuelca hacia sí mismo y se lastima. Muchas personas que se sienten deprimidas en realidad están abatidas por la rabia que reprimen.


Aplacarla. Supone no sólo dominar la conducta, sino también controlar la respuesta interna: tranquilizarse, razonar e intentar que el enojo se desvanezca.


Violentarse. Alude a una respuesta externa excesiva que incluye gritos, violencia física o la ruptura de objetos. Luego de la “satisfacción” momentánea, el individuo probablemente experimente una sensación de violencia interna mucho más desagradable que la inicial.


Expresarla. Manifestar el enojo en forma positiva, evitando la agresión, la ironía o la violencia, es la reacción más saludable. Para lograrlo hay que identificar las propias necesidades, saber exactamente qué desató la rabia y, en particular, aprender a negociar con serenidad lo que se quiere obtener.


Vencer la rabia


Los especialistas consultados recomiendan buscar ayuda profesional cuando la rabia es desproporcionada y se convierte en permanente: un estado que llega a generar frustración, depresión, paranoia, melancolía, sentimiento de indignidad, baja autoestima o agresión indiscriminada


Navarrete señala que el tratamiento implica indagar en la historia del paciente, su dinámica familiar y sus experiencias de vida, para así conocer de su autoestima y de las circunstancias puntuales que le han generado rabia. “Su origen puede deberse, por ejemplo, a que las cosas no salen como queremos, porque las personas no dicen, hacen o actúan de la manera que a nosotros nos gusta, etc.”, establece la psicóloga.


En una segunda instancia, se recurre a la terapia cognitiva-conductal que Consiste en explicarle al paciente las características y la dinámica psicológica de la emoción. La idea es que entienda lo que le pasa y lo irracional de su rabia. Se le enseñan técnicas de relajación y respiración para combatir las reacciones físicas que desencadenan una situación de ira. Además, el ejercicio físico es muy útil para no acumular rabia y tensión, puntualiza Mazzucato.


También existen programas y sesiones diseñadas para personas que sufren episodios aislados de violencia, o que tuvieron una actitud violenta en el pasado y ahora se sienten incapaces de realizar cambios en su comportamiento. Puede seguir un tratamiento individual o en grupo, que le ayudará a superar y vencer sus problemas de ira. Algunos programas duran unos días mientras que otros se alargan durante semanas, meses o años.


Prevenir y evitar


Navarrete recomienda algunas estrategias para aprender a manejar y evitar la rabia:


Tranquilícese. Cuando comience a sentir que la ira comienza a crecer dentro de usted, pare y recapacite por un momento. Esto el dará tiempo para reflexionar sobre la situación y considerar cual es el mejor comportamiento para responder a la misma. Como se suele decir: “Respire hondo y cuente hasta diez antes de hablar”.


Márchese. Si se siente tan furioso que no puede hablar o considera que puede ser violento con otra persona, lo mejor es marcharse de la situación. Trate de hallar qué le hace sentirse furioso y así sabrá cuando debe dejar la situación a un lado.


Resuelva problemas del pasado. Esto es importante en todo el sentido de la palabra. Si se siente capaz de entender qué le hace sentir ira, podrá resolver temas pasados y prevenir que este sentimiento vuelva a acumularse en el futuro.


Sea constructivo, no destructivo. Cuando se encuentra irritado por algo, controle sus emociones y cuente a la gente que se encuentra a su alrededor por qué está enfadado. Si habla tranquilo y calmado y realiza peticiones antes que exigencias, los otros respetarán sus argumentos y le escucharán.


Recupere el control interno: decidir que uno es dueño y señor de sus propias emociones. Ellas no dependen de los acontecimientos externos, sino de la programación personal de cada uno y de cómo uno los enfrente.