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149 años con Alicia en el país de las maravillas

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Por: Anabel Leal / anabeleal@hotmail.com


El 26 de noviembre de 1865 se publicó “Alicia en el País de las Maravillas”, un libro que le debemos a Charles Lutwidge Dodgson más conocido por su seudónimo artístico, Lewis Carroll. “Alicia en el País de las Maravillas” es, sin duda alguna, una obra de culto que cuenta con innumerables fans más allá del espacio y del tiempo. Una historia maravillosa, y nunca mejor dicho, que juega con la realidad y lo fantástico y que cuenta con personajes extravagantes y acertijos de lógica que se adelantan al Surrealismo.El británico Lewis Carroll fue, además de escritor,fotógrafo, matemático, lógico y diácono anglicano. El mayor de once hermanos, todos tartamudos y zurdos. Esto último le generó un trauma infantil, ya que se vio obligado a contrarrestar su tendencia natural a utilizar el brazo izquierdo. Además, era sordo del oído derecho, padecía artritis y migraña crónica, lo que acabó por definir a un Lewis Carroll tímido e introvertido, aunque con una gran imaginación y una inteligencia por encima de la media. Su excesiva timidez le llevó a rechazar el contacto con adultos y a preferir el de los niños, especialmente el de las niñas pequeñas, con quien compartía historias y juegos. Pintaba o fotografiaba a muchas de sus amigas desnudas (“un vestido hecho de nada”) con el permiso de sus madres. Se aficionó a conocerlas en las playas públicas llegando incluso a llevar imperdibles para sujetarles las faldas por si querían andar con los pies metidos en el agua. Sin embargo, su vida cambió radicalmente al conocer a Alice Liddell, la niña en la que se inspiró para el personaje de Alicia. Fue en una tarde de julio de 1862 cuando dando un paseo por el río Támesis con Alice, y sus dos hermanas, Carroll decidió, a petición de las pequeñas, contarles un cuento; un cuento de aventuras, donde una niña caía en una madriguera y vivía infinidad de historias disparatadas, que llamó “Las aventuras subterráneas de Alicia”. Aquella narración improvisaba gustó tanto a las niñas que decidió escribirla e ilustrarla él mismo para regalarle la historia a su amor platónico, Alice, por navidad. Así nacía, hace casi 150 años, “Alicia en el País de las Maravillas”.Mucho se ha especulado en este tiempo sobre si lo que plasmó Lewis Carroll en su obra no eran sino síntomas de enfermedades mentales y consumo de alucinógenos. Y es por ello que en los años 60 con el movimiento hippie, en Estados Unidos, la película producida por Walt Disney se asoció durante mucho tiempo a “la cultura de la droga”. De hecho, uno de los personajes más reconocidos en “Alicia en el País de las Maravillas” es la Oruga Azul que fuma de su misteriosa pipa y exhala anillos multicolores, lo que se creyó que podía representar al fumador de opio, sustancia legal en la época de la sociedad victoriana de Carroll.También se han sacado importantes cuestiones psicológicas del cuento de Lewis Carroll. La caída de Alicia vendría a representar la entrada en lo subconsciente, pues recuerda a las pesadillas recurrentes donde una persona cae y cae hasta que la angustia creciente les hace despertar. Por otro lado, el Conejo Blanco con su reloj reflejaría la ansiedad y la conducta paranoica, el Gato Risón sería la vitalidad, la Oruga la lógica racional y en Alicia, en numerosas ocasiones, quedaría recogida las crisis de identidad. Es evidente que desde aquella primera publicación, en 1865, el fantástico cuento se convirtió en un fenómeno, en un reto para la imaginación. Más de una decena de adaptaciones cinematográficas lo avalan, donde destacan la, ya mencionada, versión de dibujos animados de Walt Disney (1951) y la última adaptación llevada al cine del director Tim Burton. Y si queda algo que decir del peculiar Lewis Carroll...quizá estaba demente, pero como el mismo recogió en su obra: “te diré un secreto, las mejores personas lo están”.