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Deportes

¡Pan y Fútbol!

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Andrés Gago


El fútbol en España no es solo un deporte, es un espectáculo que domina los tiempos de nuestra sociedad. De hecho, el fútbol puede llegar incluso a mar-car la agenda política del gobierno. A nadie le extraña ya, que el Ejecutivo decida subir los impuestos el mismo día en el que se juega el Barsa-Madrid. O que por ejemplo, el gobierno publi-que los recortes justo cuando España gana un trofeo importante. Los medios de comunicación tenemos el rol de azuzar esa llama de la pasión, y mantener bien engrasada la industria del deporte. No hace falta decir que el periódico más leído en España es un diario deportivo. Es una estrecha relación en la que todas las partes salimos ganando. A todo el mundo le gusta hablar de fútbol, sobre todo cuando no se tiene nada que decir o todo lo contrario, cuando se tiene mucho que callar. Por eso mismo, hoy en día, podemos encontrar a tantos políticos sacando el recurrente tema del fútbol en medio de una entrevista. Sin duda, es un tema mucho más ameno que dar explicaciones de una supuesta contabilidad en B. En el otro extremo, estáesa clase de gente quéapenas sabe de otra cosa que no sea fútbol, y quétodo su mundo gira alrededor del deporte rey. Su existencia es una lucha extradeportiva marcada por la extrapolación del dua-lismo competitivo, en el que solo hay vencedores o vencidos, buenos y malos. Son fanáticos, ultras, que todo lo pueden explicar con el fútbol. Tienen una ideología política que viene dada por los colores de su club. Fuera de su gru-po todos son rivales. Su santuario es el estadio que los alberga y antes de que el fútbol se extendiese a los días laborables, el domingo era su día sagrado.  Esta colonización del calendario laboral (laboral para aquellos pocos que tie-nen trabajo en España) también ha tenido una repercusión en los medios de comunicación y a su vez en la sociedad, generando una espiral que ha en-grandecido aún más si cabe la figura del fútbol en nuestro país.


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Hoy en día, las tertulias típicas de los programas de sobremesa han sido substituidas, o más bien fusionadas con los programas de fútbol. De hecho es muy difícil distinguir unos programas de los otros, aunque decir fútbol es un poco atrevido, ya que en pantalla pocas veces se puede ver el verde del terreno de juego. Todo el mundo sabe quécalzoncillos usa Cristiano y con quién se lleva mal Arbeloa. Asícomo el ocio ha ocupado la pobre vida laboral de los españoles, éste también ha perdido en calidad. La muerte de un ultra del Deportivo de la Coruña en una contienda contra sus homólogos del Atlético de Madrid es una consecuencia más de la dinámica que estátomando el mundo del “deporte”en el que la mayoría de las noticias, incluida está, se enfocan fuera de los te-rrenos de juego. Para un país en crisis, el deporte se ha convertido en una vía de escape por ser el gran orgullo nacional. Pero su importancia, cobertura y repercusión en la sociedad debe tener un limite o acabaráempobreciendo su calidad. Es cierto que en las noticias deportivas existe una predominancia del fútbol sobre otros deportes, sin embargo, aunque se comenzase a cubrir las otras disciplinas, seguirían sin existir suficientes noticias relevantes, para mantener desinformada a la ciudadanía de las cosas que realmente la afectan, incluso alargando la jornada deportiva como ya se ha hecho.Abusar de eventos deportivos y mensajes comerciales subyacentes para re-llenar los espacios informativos e influir sobre la conducta y actitud del recep-tor, se puede decir que estáteniendo un doble efecto secundario. El primero es la desviación de la atención del espectador, que ya no se fija sobre el terreno de juego. La segunda es el efecto educativo que tiene el abuso o monopolio del contenido semi-deportivo sobre la población. La falta de referencias sobre otros temas y patrones de conducta típicos de otras áreas de interés puede ser muy grande. En el día de ayer, viernes 5 de diciembre, la LFP y la federación de fútbol acordaron extremar las medidas para expulsar a los ultras del seno del futbol. Sin embargo, estas medidas no parecen que vayan a ser muy efectivas debi-do a la falta de refuerzo educativo y mediático fuera de los estadios, donde hemos vivido una “futbolización”de la sociedad. Algunas personas han crecido imbuidos en esta cultura del fútbol, y han lle-gado a creer que su partido, que se disputa en los aledaños del estadio, es resolver los problemas políticos y económicos de la nación mediante patadas en la cabeza de su interlocutor.