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Lo que los medios todavía no han entendido de Podemos

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Andrés Gago


Qué la democracia no es un invento nuevo, esto lo sabe hasta un tronista de Telecinco. Sin embargo, los modelos democráticos a día de hoy, a pesar de la nuevas tecnologías, distan mucho del modelo ideal. Por ejemplo en España, hasta el día de hoy y no desde hace mucho, la democracia es representada por un sistema de elecciones que permite elegir a los representantes encargados de legislar y gobernar el país. Esto quiere decir que el gobierno está provisto de cierta legitimidad democrática, sin embargo su ejercicio no tiene por que serlo así. El gobierno lo puede formar un partido que no disponga de ningún tipo de mecanismo democrático en su formación y en la toma de sus decisiones. Un partido puede ser una estructura recia como un cuadro militar y opaca como la curia romana. Un gobierno elegido democráticamente puede tomar las decisiones de forma personalista e independiente. Durante el período de la transición, se creó un sistema político que vendría a substituir la vieja tiranía. Durante los últimos años de aquel régimen, una élite joven e intelectual, proveniente en gran parte de dentro de las instituciones del régimen, prepararía con anhelo un sistema representativo, en el que ellos mismos personificarían los diferentes movimientos sociales de la época. La transición establecía un modelo de gobierno que equipararía España a las demás naciones occidentales de la época. Las estructuras democráticas de las naciones europeas habían sido
rediseñadas al acabar la segunda guerra mundial, tan solo seis años después de la victoria del “bando nacional”. Por lo tanto, nada nuevo y experimental, tan solo un poco de corta y pega de cartas magnas de aquí y de allá. La educación clásica que habría recibido esta élite germinada en el interior del régimen, habría sido influenciada por las teorías de los clásicos, como las de Aristóteles y Cicerón, según la cuáles los “princeps de la nación”, ellos mismos, “los mejores”, deberían estar en lo más alto de la pirámide gubernamental por el bien de la nación. Sin embargo, el paso del tiempo lo corroe todo, y al igual que los diarios, que se comienzan siempre con buena letra, los regímenes, según la acertada teoría de Polibio, acaban también siempre por degenerarse. Polibio en su teoría cíclica identifica seis etapas que se van sucediendo en cuanto se degeneran o entran en crisis, de esta forma trata de explicar la evolución política de los estados. El historiador divide los seis tipos de regímenes entre benignos y malignos. Según él, la monarquía, la aristocracia y la democracia son regímenes positivos que pronto degeneran en tiranía el primero, el segundo en oligarquía y el tercero en oclocracia. Este último es el gobierno de la muchedumbre, último estado del ciclo de degeneración del poder y el peor de todos ellos según el autor. La oclocracia es para el historiador la “tiranía de las mayorías incultas, es el uso indebido de la fuerza para obligar a los gobernantes a adoptar políticas, decisiones o regulaciones desafortunadas". De este último estado ya solo podemos, según el Polibio, esperar al hombre providencial que los reconduzca a la monarquía. Lo que no entienden los medios acerca de Podemos, es que no es un partido cualquiera bajo mi punto de vista. Es el partido que cerrará un periodo de la transición. Hemos visto como la Aristocracia, el gobierno de los mejores se convirtió en una oligarquía. Hemos visto como una clase política degeneró en una casta. Un cuerpo que se ha enraizado en nuestras instituciones, adueñándose del Estado, y que se perpetúan no por méritos propios sino por adscripción o pertenencia a un grupo ideológico. La oligarquía sobrevive gracias y sobre a la apatía y desconocimiento de la nación. Sin embargo, su final es una cuestión de tiempo ya que hemos visto despertar a la ciudadanía. Podemos o Pablo Iglesias no es el detonante de está situación sino que una mera consecuencia. Lo que los medios no parecen entender, es que no se puede juzgar a Podemos bajo los baremos de un partido del régimen actual, pues podemos ya pertenece al siguiente paso, a la democracia. Los instrumentos que utiliza, el modelo que propone, el lenguaje que usa, ya son diferentes. La
novedad reside no en el color político de la formación sino en la forma que propone para crear las políticas de su futuro gobierno. Éstas serán creadas a través del dialogo de la nación. Y en mi opinión, Podemos no debería caer en las críticas que los medios hacen de su programa. Más concretamente, Podemos no debería proponer un programa político, sino que una política de gobierno. Una política que se base en el gobierno de la ciudadanía Las criticas a la demagogia, a los peligros de la tiranía de la mayoría y al populismo son lógicos y entendibles. Y seguramente, tal y como dicta la teoría d Polibio, y tal y como hemos podido comprobar en sus más de dos mil años de vigencia, seguramente acabemos en la demonizada oclocracia. Sin embargo, qué el miedo que tanto tienen algunos medios y estratos de la sociedad española a este último estadio no frene el avance de la sociedad por crear un lugar más justo y alcanzar el culmen de la madurez política, que es la democracia real.