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Joaquín Sabina burla los fantasmas del pánico escénico en su segundo recital en Madrid

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Mar Molina


El pasado martes, Joaquín Sabina se volvió a sacar el bombín para agradecer a su público las numerosas muestras de afecto y ánimo que ha recibido desde que la semana pasada, ya que tuvo que abandonar un concierto que estaba ofreciendo en Madrid debido a un malestar. Según fuentes cercanas al artista, ese sábado 13 de diciembre, Joaquín Sabina se vio menguado de facultades al verse sobrepasado por la emoción y fue incapaz de llegar a los bises con los que tenía previsto acabar su actuación. Este concierto representaba su regreso en solitario a España tras cinco años. Según explicaba el periodista Ferran Bono: “Para comprender al Sabina que actuó en el Palacio de los Deportes de la capital y no llegó a los bises, había que fijarse en su cara mientras interpretaba A mis cuarenta y diez. Cuando entonó la parte que dice “de empezar a pensar en recogerse, de sentar la cabeza, de resignarme a dictar testamento, perdón por la tristeza”, lo hizo con tal convicción, que el público, acostumbrado a gritar “¡no!” en ese punto, no tuvo nada que objetar. Con los ojos conmovidos por la emoción, la mirada fija y una expresión entre el dolor y la felicidad, Sabina resumía en un gesto todo lo sufrido, todo lo gozado y todo lo que queda por venir. A mitad del concierto, tras un descanso, ya no estuvo tan pletórico.” Joaquín Sabina ha comentado en diversas ocasiones que él está en las antípodas de ser un burócrata de la música, de caer en la rutina y subirse a un escenario a cumplir un recetario de canciones. Para él sigue siendo esencial tener la sensación de adrenalina cada vez que se dispone a arrancar unos acordes de su guitarra, necesita provocar y que le provoquen porque si no, teme ver palidecer su alma de pirata. Por esto cuando se volvió a subir al escenario del Palacio de Deportes de Madrid estaba decidido a dejarse un poco más el alma en cada verso. Seguramente lo hizo para no defraudar a una de sus amantes más fieles, la ciudad de Madrid. A ella le ha dedicado numerosas canciones, ella ha sido escenario y protagonista de las más ricas historias del cantautor. “Madrid me rejuvenece”, reconocía a un amigo momentos antes de subirse al escenario el pasado martes. Joaquín Sabina no puede fallar en su ciudad por eso prefirió retirarse antes que cantarle unos versos que no salían de sus entrañas, a cantarle bajito y sin emoción, a engañarla. Como buen caballero, se retiró cuando tenía poco que ofrecer, apenas dos días después de su indisposición volvió sonriente, recuperado y agradecido. Madrid seguía allí, esperándole.