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Recordando

Aniversario de la muerte de Mahatma Gandhi

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Anabel Leal/anabeleal@hotmail.com






El 30 de enero de 1948 fue asesinado Mahatma Gandhi. Paradójica muerte para un hombre que, con firmes ideales, defendió la solución pacífica y la lucha no violenta. Líder en la conquista de la independencia de la India, Gandhi es la personalidad indígena más relevante de la historia contemporánea, y esta semana se cumplen 67 años desde su trágica muerte ejecutada por Nathura Godse.


Gandhi nació en una pequeña ciudad costera al oeste de la India, hijo del Primer Ministro de la ciudad y su cuarta esposa. Su madre fue una de sus grandes influencias en la vida, de ella aprendió el respeto por los seres vivos, así como las virtudes del vegetarianismo y la tolerancia a las diferentes formas de pensar. En una de sus célebres frases hablaba así de ella: “La Bhagavad Gita, es hoy no solo mi Biblia o mi Corán, es más que eso, es mi madre”.






Su primer contacto con la cultura occidental lo tuvo en Londres donde, con 20 años, fue enviado por su familia para estudiar derecho en la University College London. Y es que Gandhi fue un ejemplo más de genialidad tardía: un adolescente silencioso, retraído, inseguro y nada brillante en los estudios. De hecho, la elección de Londres partía de que las exigencias en sus universidades eran menores que en las universidades indias. Los años que vivió en la capital británica fueron decisivos para su formación intelectual. Fue en esta época cuando comenzó a leer a Tolstói, quien, más tarde, le proporcionaría las claves para el perfeccionamiento de la práctica y la teoría de la no violencia.




A su regreso a la India trató de ejercer como abogado pero se le presentó la oportunidad de trabajar en Sudáfrica y aceptó motivado por la desobediencia civil que estaban llevando a cabo sus compatriotas en el país. El fuerte rechazo y odio que percibió hacia los hindúes le animó a crear, en 1894, un partido político indio que defendiera sus derechos. Además, en Sudáfrica, emprendió numerosas labores humanitarias y, en sus inevitables choques con las autoridades gubernamentales del país, instauró un nuevo método de lucha, la resistencia pasiva.


En 1915 regresó a su país natal donde continuó promulgando sus valores religiosos, filosóficos y, sobre todo, políticos, y es que en apenas 3 años Gandhi se convirtió en el jefe del movimiento nacionalista. En su lucha pacífica por la consecución de la Independencia de la India caben destacar dos grandes protestas sociales: la marcha de la sal (1930), contra el impopular impuesto sobre la sal implantado por el gobierno de Gran Bretaña, y la reivindicación de la independencia de la India del imperio británico en el marco de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde la India apoyó a Gran Bretaña a cambio de la independencia. Todo ello desembocó, finalmente, en 1947, en la partición del territorio en dos estados soberanos: la República islámica de Pakistán y la República india.



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Gandhi en la Marcha de la Sal, marzo de 1930






Sin embargo, con el establecimiento de esta separación comenzaron los problemas de índole religioso entre las personas que profesaban la creencia musulmana y la hindú. Especialmente dramáticas fueron las consecuencias en la región del Penjab en Cachemira, donde los enfrentamientos y las matanzas entre hindúes y musulmanes dejaron un balance de 500.000 muertos en dos meses.




El nacionalismo y el odio religioso estuvieron a punto de costarle la vida a Ganshi en varias ocasiones, hasta que, el 30 de enero de 1948, Nathuram Godse se aproximara a él y le disparara tres veces acabando así con su vida. Convencidos de la conjura política de extremistas hindúes que rehusaron a entender la amistad hindú- musulmana de la que Gandhi era simpatizante, a su muerte no tardó en estallar el desorden en las calles, más enfrentamientos, establecimientos comerciales saqueados, edificios incendiados, etc. En definitiva, sangre derramada por un pacifista indio que siempre había rechazado la violencia y abogado por una resistencia pacífica.




Grandes autoridades de todo el mundo manifestaron sus condolencias. Pandit Jawaharlal Nehru, Primer Ministro de la India por aquel entonces, dijo sentirse avergonzado por no haber podido evitar la pérdida: “Tengo un sentimiento de completa vergüenza como individuo y como jefe de Gobierno de que no hayamos sabido proteger al más grande tesoro que poseíamos”.