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Rincón Audiovisual

Un francotirador en desgracia

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Enrique D. Zattara
www.elojodelacultura.com


En 1978 un esporádico director americano, Michael Cimino, obtenía cinco Óscar con su película The Deer Hunter (El Cazador de ciervos), que en español se llamó El francotirador. El film relataba las horribles secuelas que la guerra de Vietnam había dejado en unos soldados que habían sido sometidos a terribles torturas y vejaciones por parte de los vietnamitas (a quienes, olvidaba de paso el autor, los americanos habían invadido). De los auténticos horrores de la guerra –en verdad- daba cuenta casi al mismo tiempo otro film: Apocalypsis Now de Cóppola. El francotirador (aunque en traducción más ajustada del original American Sniper) se llama también en español esta película de un gran - aunque ideológicamente contradictorio - realizador: Clint Eastwood. El soldado aquejado por las secuelas psicológicas de la guerra (esta vez la de Irak, otra invasión) se repite, pero ya no es el pobre recluta víctima de los impiadosos guerrilleros comunistas, sino que es un miembro voluntario y entusiasta de un cuerpo de élite del ejército de los Estados Unidos, muy orgulloso desde luego de su tarea de sembrar muerte selectiva y ejercitar su destreza con soldados iraquíes como si de un torneo olímpico se tratase.
La película de Eastwood, aunque a algunos se los parezca, no repite ni retematiza la de Cimino. Y quizás este equívoco haya sido su propia tumba, no como éxito de taquilla, que lo es, sino en la consideración de la crítica, que la ha basureado casi unánimemente. El antiguo vaquero de los western spaguetti no es, desde luego, un transgresor de la chauvinista mentalidad media americana; pero sí quizás alguien capaz de expresar la parte más valiosa de sus principios históricos. Lo demostró palpablemente precisamente en Space Cowboys (2000). Y como tal, nada tiene que ver el tratamiento del personaje central de American Sniper con los de su antecedente setentista. Es su propia elección, es el patriotismo insensato del que tanto se enorgullece este francotirador, la causa de su desequilibrio, de su progresivo deterioro cuando terminada la orgía de certeros balazos debe enfrentarse sin mira telescópìca a la vida real: una sociedad egocéntrica, autoritaria, basada en el culto a los “superhombres”, al desprecio por lo otro, a las armas como custodia de la individualidad. Es esa sociedad la que convierte al hombre en un asesino, aunque quiera hacerle creer que es un héroe. Y el superhéroe preparado para cumplir el lema de que en la guerra “no se deja a nadie atrás”, termina descubriendo que lo único que no puede dejarse atrás es la propia guerra.
La película, en resumen, relata la gloria y caída de Chris Kile, un tirador de élite realmente existente, convertido en leyenda por su record de muertos en Irak (él mismo afirma que son más de 250), y que se fue consumiendo psíquicamente a su regreso a la vida cotidiana, hasta que –paradójicamente- terminó siendo asesinado por otro desequilibrado, también ex combatiente. Bradley Cooper y Sienna Miller encabezan el reparto en dos interpretaciones sin mácula, dirigidos por Eastwood con una maestría que recuerda por momentos lo mejor del cine de acción. Aparte del American Film Institute, que la consideró una de las mejores diez películas del año, el fracaso de American Sniper en la crítica fue apabullante, hasta el punto de lograr en esta edición de los Oscar (tras seis nominaciones) sólo un magro galardón a “Mejor Edición de Sonido”. Pero la crítica y los reconocimientos han estado esta vez, me temo, muy lastrados por factores más extra cinematográficos. American Sniper y Clint Eastwood no debieran haber merecido tan mala suerte.