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Una mujer tortura y mata a su hija tras meses de manipulaciones

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Elena de Ondarza Hontanilla
ana_elena93@msn.com


Polly Chowdhury de 35 años y su amante Kiki Muddar de 43 han sido declaradas culpables del asesinato de Ayesha, la hija de Chowdhury de 8 años, encontrada muerta en el apartamento que ambas compartían en agosto de 2013. El cadáver de la pequeña fue hallado con más de 50 laceraciones, incluyendo mordidas, raspones y una profunda herida en la cabeza, la definitiva y principal causa de la muerte de la menor.


Kiki Muddar manipulaba a su compañera sentimental a través de internet creando perfiles falsos en los que aseguraba a la influenciable madre, la maldad de su hija, incitándola a acabar con la menor. Facebook era la principal red social usada por Muddar para provocar a la madre a agredir a la niña, asegurando que la sangre de su hija estaba maldita y que era descendiente del propio diablo. Ambas mujeres se conocieron cuando Polly Chowdhury se mudó al barrio de Muddar con su marido e hija, y a partir de entonces empezaron una relación secreta que sería el desencadenante de los maltratos de Chowdhury hacia Ayesha.


Tras comenzar con los abusos hacia su hija, se divorcia de su marido y apenas un año después se muda a casa de su amante donde las vejaciones hacia la pequeña se intensifican. Muddar, una vez alcanzados sus objetivos y habiendo conseguido enamorar a la joven madre, continúa atormentando a Chowdhury. Inventa la identidad de un personaje ficticio llamado Skyman con el que sigue aconsejando a la mujer de 35 años a castigar a su hija por su naturaleza diabólica. La totalidad de los mensajes enviados por la manipuladora a su víctima asciende a 140 mil en un periodo de tiempo de apenas un año.


Finalmente el 28 de agosto de 2013 es la propia Muddar quien llama a la policía tras el intento de suicidio por parte de su compañera sentimental, quien se habría intentado cortar las muñecas. Una vez la policía acude a la vivienda encuentra el cadáver de la pequeña Ayesha en una de las habitaciones contiguas a la de su madre. La pareja ya habría llevado acabo el asesinato de la menor tras infringirle numerosos castigos, entre los que destacaban el encierro de Ayesha en su habitación sin comida ni agua durante días.


Descubiertas y sin escapatoria ninguna, las mujeres se acusaron mutuamente, atribuyendo a la otra el asesinato de la pequeña. La policía en un primer momento atribuyó el crimen de Ayesha a su madre, debido al intento de suicidio de la misma y a la llamada telefónica de su amante a la policía. Muddar fue tratada como un mero testigo. Sin embargo, una vez la investigación comienza y se revisan los registros telefónicos, así como el ordenador de ambas, descubren que Muddar manipulaba y sometía a la madre para llevar a cabo los abusos sobre su propia hija. Actualmente la policía se encuentra en pleno proceso legal en un intento por determinar la pena a la que se verán sometidas ambas mujeres.