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Reino Unido

Coaliciones: Bienvenidos a la política del futuro

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Juan Toledo


Está de moda, particularmente dentro de la generación de personas más jóvenes, incluyendo una gran cantidad de mujeres, el ser políticamente apáticos en el mejor de los casos o completamente cínicos en el peor de ellos.  Y ese sentimiento se refleja en la composición política de los gobiernos actuales. Quizá con al excepción de los Estados Unidos y un par de países escandinavos la era del bipartidismo político ya se acabó. En un fenómeno que se inició en Latinoamérica hace muchos años –y que por ende nadie le prestó atención- el lento pero gradual decline de los partidos tradicionales es una realidad electoral en muchas partes del mundo y la vieja Europa y ahora la Gran Bretaña no son la excepción.


Los partidos tradicionales no se han renovado por que los jóvenes no están interesados en la política, lo cual es muy diferente a estar interesados en ciertas causas especificas como la guerra, el deterioro ambiental, la defensa contra la crueldad de animales, el costo de la educación universitaria, el derecho de las minorías, etc.  Y es esta falta de renovación electoral de parte de los grandes partidos tradicionales lo que ha generado la fragmentación del paisaje político de nuestros días. Ya no se habla de afiliaciones generacionales al partido laborista, conservador o liberal demócrata, si no del voto estratégico. Se vota más hoy día con la billetera que con la conciencia.


Los partidos políticos han ayudado también en gran medida al descreimiento y hostilidad de la gente hacia la política –y eso que lo decimos desde una de las democracias más viejas, civilmente activas y progresistas del mundo como lo es la británica- al agruparse todos en un centro político electoral que hace bastante difícil su diferenciación. Los conservadores se reinventan como el partido del “gran corazón” mientras los laboristas tratan de persuadir los inversionistas de su gusto por el modelo del capitalismo actual. No extraña entones que muchos votantes lo perciban como un mero cambio de disfraces, estos jugando a ser astutos lobos capitalista mientras que aquellos presentándose como caperucitas bondadosas y sin ningún interés personal si no el de servir.


Lo que ha sucedido es que en esta escena un poco pueril y desgastada han irrumpido los anti-inmigrantes, los ecologistas y ahora los secesionistas. Es todo una plétora de ideas que se han metamorfoseado en partidos políticos. ¿El resultado de todo esto? El electorado no confía lo suficiente en un sólo partido en el gobierno y de ahí los matrimonios imposibles e incompatibles que constituyen las coaliciones de hoya día. UKIP con los conservadores y el Partido Nacionalista Escocés (SNP) con los laboristas.


Por años la clase política británica y particularmente la inglesa siempre miraron con desdén los irreconciliables matrimonios políticos (dígase coaliciones) de países como Austria, Italia, Holanda o –no sin algo de horror- Bélgica donde a raíz de la falta de consensos entre los diferentes partidos no tuvo gobierno por más de un año. Y Con la proyección de que ningún partido va a obtener la mayoría necesaria para gobernar solo, tenemos que darle la bienvenida a las coaliciones pues es muy probable que sea la forma de gobierno que nos va a regir por años hasta que otro partido político –que desde ya anticipo serán los ecologistas- capturen la imaginación del electorado y puedan gobernar exclusivamente bajo sus propios términos y sin necesidad de ningún tipo de alianza.  Y créanlo o no, esto importa mucho aún para las minorías étnicas, los pobres y los jóvenes, es decir: aquellos que usualmente no votan.


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Según una encuesta realizada por Populus en Reino Unido, el Partido Laborista ganaría las elecciones con el 33 % aunque por una ligera ventaja de solo 2 puntos respecto al Partido Conservador, que sacaría el 31 % de los votos. El partido euroescéptico UKIP tendría el 16 % de los votos y el Partido Liberal Demócrata, socio de gobierno del Partido Conservador actualmente, tendría el 9 % de los votos. El Partido Verde obtendría el 5 % de los votos y el Partido Nacionalista Escocés el 4 %.