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Cultura

El puente de Rialto, 18 meses en el quirófano

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Puente rialto



El puente de Rialto, el más antiguo sobre el Gran Canal de Venecia, amaneció hace hace unos días encerrado en una jaula de metal: un andamio por donde expertos en restauración se mueven para curar los achaques de uno de los símbolos inconfundibles de la ciudad. El puente es sometido a una compleja rehabilitación, jamás realizada en sus 424 años de existencia, que durará 18 meses y conllevará al cierre parcial de las escalinatas.

La primera restauradora en tocar el puente ha sido Elisabetta Ghittino. Encaramada al angosto andamio —a una altura de cuatro metros—, Ghittino cura con paciencia monacal las heridas que la lluvia ha creado en la piedra de Istria del Puente de Rialto. La experta camina a cámara lenta: coge una jeringuilla que contiene alcohol y lo inyecta en las fisuras, provocadas en la piedra por la infiltración del agua de lluvia. "El alcohol sirve para eliminar el polvo, es como desinfectar antes de curar", dice. Luego esparce en los puntos desinfectados un compuesto que remienda las grietas y evita desprendimientos. De lejos, el puente, casi todo en piedra de Istria, parece indestructible, pero desde el andamio se perciben hendiduras a granel, incluso en algunas han crecido hierbas, que ahora Ghettino debe fertilizar para impedir que sus raíces rompan la piedra. "La piedra de Istria es un material macizo, pero al mismo tiempo delicado, porque cuando el agua o las raíces penetran, corre el riesgo de romperse", explica.