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​Flematismo y humor negro: el Reino Unido enfrenta al coronavirus

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Colin Gordon

www.colindgordon.co.uk

"Mantenga la calma y continúe": Esa ha sido la esencia del consejo del Gobierno británico mientras la epidemia se ha extendido a través del país. Junto con esto ha estado la recomendación, por parte del líder de la Cámara de los Comunes, Jacob Rees-Mogg y luego por el primer ministro Boris Johnson, de que todos debemos lavarnos las manos con frecuencia, acompañado de una interpretación del Himno Nacional o "Feliz cumpleaños" (dos veces). La mayoría de las personas en Gran Bretaña parecen inclinadas a seguir estas directrices, a excepción quizás del canto, así el editor de salud de la BBC, Dominic Hughes, notó el 6 de marzo, está decidido a no permitir que el virus cambie radicalmente sus vidas.

Como ejemplo, dos mujeres en Huddersfield, Sandra y Lynda, claramente perteneciente a la presuntamente “vulnerable” generación mayor, cuando conversaron con Hughes insistieron en que estaban "manteniendo su sensatez" y continuaban saliendo como de costumbre. Esta actitud un tanto relajada sorprendió a un grupo de estudiantes extranjeros entrevistados por las Noticias BBC Londres fuera la estación de Kings Cross que manifestaron: "Tenemos la impresión que el público en general está menos preocupado que nosotros".

El corresponsal del “Independent” Stefano Hatfield, sostiene que los británicos tradicionalmente emplean el "estoicismo cuando se enfrentan a condiciones verdaderamente miserables y humor negro ante la adversidad". Él cree que su aplomo instintivo es "en gran medida una característica definitoria unificadora que persistirá por generaciones". El blogger de las escuelas de idiomas EF, Simon, está de acuerdo: Los británicos, señala, usan el humor para aligerar incluso los momentos más desafortunados: “Hay pocos temas sobre los que no bromeamos. Recurrimos a la risa como una forma de medicina cuando la vida nos derriba”.

Eso es aceptable, el autor estadounidense, Paul Lewis, ha enfatizado en www.wired.com, siempre que esto no tenga matices étnicos ni difunda información errónea. En la edición del 7 de marzo de la revista Spectator, su columnista polémico, Rod Liddle, sugirió frívolamente que, si el virus elimina una gran parte de los ancianos que votaron por Brexit, el 48% del electorado que quería permanecer en la Unión Europea exigiría otro referéndum. También insistió que la predicción de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) de un colapso económico global inminente no sucedería porque sus pronósticos son invariablemente equivocados.

En la misma publicación, la comentarista Mary Killen afirmó que "no todo son malas noticias" y que hasta una pandemia letal tiene sus aspectos positivos, como una reducción en las emisiones de carbono porque tomaremos menos aviones. Es mejor, en su opinión, asumir que todos nos contagiaremos, aun si nos escondemos en nuestras casas y evitamos el metro y las multitudes. ¿Qué pasara con las cosas, se pregunta, que llegan por correo y en manos de los conductores de las furgonetas de reparto?

Otro colaborador de la Spectator, Ross Clark, el 29 de febrero describió la histeria "Covid-19" como el último fenómeno para satisfacer un extraño y creciente apetito por la fatalidad entre los ciudadanos de los países desarrollados. “Estamos viviendo en la era más saludable y pacífica de la historia, pero no podemos aceptarlo.” Posiblemente, en vista de los acontecimientos desde que escribió esto, puede haber ajustado su juicio sobre la situación actual.

En su conferencia de prensa sobre coronavirus el 3 de marzo, el Primer Ministro fue notablemente más jovial que los dos asesores que lo rodearon en el podio: el Director Médico de Inglaterra, Chris Whitty y el Director Científico del Reino Unido, Sir Patrick Vallance. Whitty dio a entender que "solo el 1%" de la población de Gran Bretaña, es decir, los mayores de 70 años, correrían un grave riesgo por el virus, un cálculo obviamente inquietante para cualquiera en esta categoría aparentemente prescindible. Modificó esta evaluación ante un comité especial de la Cámara de los Comunes el 5 de marzo al declarar que los mayores de 80 años no deberían suponer que fallecerían automáticamente si se infectaran.

El Dr. Richard Hatchett, director de la Coalición Para La Preparación Epidémica Innovadora, proporcionó una valoración mucho más sombría a Noticias Canal 4 el 6 de marzo. Representó el coronavirus como la peor y aterradora epidemia desde la gripe española de 1918 y que "podría estar con nosotros a perpetuidad".

El proverbio "Un pesimista es un optimista bien informado", atribuido al autor estadounidense Mark Twain, tal vez podría aplicarse tanto a Whitty como a Hatchett. Sus observaciones también podrían explicar por qué los clientes de supermercados del Reino Unido han estado vaciando los estantes de productos básicos como arroz, pasta, cuscús, agua embotellada, yogur, mantequilla, leche de larga duración y artículos de baño y asimismo la demanda aumentada en las farmacias de ibuprofeno, paracetamol y tabletas immunoestimulantes como Berocca.

Sin embargo, esto no ha estado (hasta ahora) en la escala de la compra de pánico (entre muchos otros) como en Japón, Corea del Sur, Polonia, Australia y Nueva Zelandia – en los dos últimos de las cuales los compradores han sido televisados luchando entre sí por paquetes de papel higiénico.