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Londres

​¿Cómo comportarse en el transporte público?

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P28 bus



Por Colin Gordon

www.colindgordon.co.uk

"El Gobierno debería completamente prohibir el consumo de comida y bebidas en los metros, trenes y autobuses". Esa es la opinión de la ex-Directora Médica de Inglaterra, Dame Sally Davies, citada por la editora de salud para el Guardian, Sarah Boseley, el 10 de octubre. En el periódico el mismo día, un colega de Boseley, Stuart Heritage, acuso a Davies de tratar de quitarle a la población uno de sus derechos humanos fundamentales.

Tony Naylor, también del Guardian, además se preguntó por qué debería ser penalizado (o sufrir la desaprobación de otros pasajeros) por engullir un sándwich de jamón, al dejar su trabajo un viernes para encontrarse con amigos.  Él cree que el problema principal es el desorden que la gente deja atrás: las cajas y latas vacías, bebidas derramadas, botellas rodantes y - "lo peor de todo"- el omnipresente chicle. Si deja caer migas en el asiento, insiste, debe limpiarlo cuando se levante.

Contrariamente a Heritage, la columnista del diario Metro, Lizzie Thomson, afirmó el 10 de octubre que "es una verdad universalmente reconocida que estar sentado en un autobús al lado de alguien con la boca llena de un emparedado de atún es un infierno absoluto". A pesar de que acepta el argumento que muchos empleados no tienen otra  opción  sino de alimentarse durante el trayecto de ida y vuelta de su trabajo, sugiere que deben evitar “comestibles malolientes", especialmente sushi, salmón ahumado, camembert, pate de caballa y cualquier cosa que despida un olor picante, ya que este perdurará mucho después de que bajen de su medio de transporte: "Aunque la “fragancia” de su doner kebab le puede parecer divina, el resto de su compartimiento podría estar en desacuerdo". Igualmente, deben privarse de aquello que pueda salpicar a pasajeros vecinos, como fideos y cualquier tipo de espagueti.

Un editorial en el London Evening Standard el 12 de noviembre aconsejó a cualquier viajero tentado a gozar de un paquete de patatas fritas con sal y vinagre de esperar hasta más tarde y concentrarse en leer su periódico. Esto coincidió con un informe en esa edición por su corresponsal de asuntos criminales, John Dunne, sobre el caso de una funcionaria multada con £1,500 por el Tribunal de Blackfriars por haber lanzado una "diatriba agresiva" contra una compañera de viaje, de origen sudamericano, quien ha estado disfrutando su desayuno de huevos de “olor inaguantable” en el tren de las 6 am desde Chelmsford en Essex hasta la estación de Liverpool Street en Londres.

Aunque el primer ministro, Boris Johnson, proscribió beber alcohol en los autobuses y el metro de la capital cuando era alcalde de Londres, actualmente no hay indicios de que esto se extienda al consumo de alimentos, a diferencia de muchas otras ciudades del mundo. No está permitido comer, beber ni fumar en los tranvías en Barcelona, los sistemas de metro de Washington, EE. UU., Dubái (Emiratos Arabes Unidos), Singapur o en Beijing, Nanjing, Xiamen y Shenzhen en China, donde las violaciones pueden resultar en sanciones de hasta 500 yuanes (£54), una exclusión de usar el metro y el delito apuntado en el registro de crédito del infractor.  En Japón, ha notado “periodistacorriente.com”, beber y comer es admisible en los trenes regionales de larga distancia, pero no en los locales.

En realidad, según una encuesta de YouGov destacada por otra comentarista del Guardian, Carmen Fishwick, no importa cuán bien intente comportarse en el metro de Londres, probablemente eventualmente molestará a alguien. Aparentemente, el 90% de los londinenses son antagonizados por personas que empujan para entrar a un carruaje sin darles a las personas la oportunidad de salir, al 74% no le gustan que se coloquen bolsas en los asientos desocupados, el 71% considera que el olor muy fuerte de comida es desagradable y el 56% se impacienta cuando otros pasajeros tardan demasiado en atravesar la barrera del boleto. Hablar en voz alta, llevar una mochila y no moverse a lo largo del compartimento asimismo son incluidos en las "20 conductas más irritantes en el metro" de YouGov.

La periodista de la Asociación de la Prensa, Erin Cardiff, ha compilado una lista para BT Estilo de Vida de las diez cosas especialmente enojosas que afirma ocurren con mayor frecuencia en el transporte público. Entre ellas: llamadas telefónicas ruidosas ("nadie necesita escuchar lo que cenó anoche o las gracias que hizo su perro hoy"), mala higiene, música estridente, meter los pies en los asientos, comida hedionda, leer el periódico o los mensajes de texto de otra persona por encima de su hombro., “invasores del espacio” (para algunos, eso podría significar un ciclista tomando tres asientos o una gran proporción del pasillo") cargando enormes bolsas durante la hora pico, muestras públicas de afecto y lo que parece exasperarla al máximo - ponerse cosméticos, no solo el rímel, sino “aplicando esmalte en las uñas y cortándolas, depilando las cejas y cualquier cosa que normalmente se limitaría a su hogar. El autobús 296 no es el lugar para todo eso”.