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​De unas historias latinas jamás contadas en Suecia

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P5 suecia arlanda

Por Jorge Talavera

Noviembre del 88, la oscuridad se adueñaba de todo, comenzábamos a entender que, de ser hijos del sol, pasaríamos a vivir a condena voluntaria bajo esa luna gigante, blanca entera y tan cercana. Habíamos renunciado al mar, sin embargo, los grandes lagos nos acompañaban, todo comenzaba a volverse blanco.

Blanca la pista, los árboles, los techos, los carros yo diría hasta el silencio se hacía blanco, quizás de tanto humo también porque nosotros los de ese entonces fumábamos hasta con la boca cerrada. Cigarrito para levantarse, cigarrito para ir al paradero, cigarrito para la pausa, para abrir las tareas de sueco, hasta me gusto la aportación de nuestros hermanos chilenos con su “tomemos la once”, porque creo el cigarrito para “la once”. Podría afirmar que somos la generación del cigarro, ni la crisis nos afectaba porque hasta hacíamos nuestros propios puchos, aquellos eran nuestros Hamilton o Viceroy imaginarios, en esas épocas quien fumaba Malboro e invitaba cigarros a los compañeros era la estrella de la mancha.

Fuimos de los que fumábamos hasta en el avión, “Chicos Aeroflot”, ese primer viaje, por favor cierre los ojos y volvamos allí, éramos tremendos artistas, todo el barrio y la familia despidiéndonos en el aeropuerto. Era como una hinchada gritando ¡VETE!

Yo he llegado a la conclusión que era porque querían que fuésemos como los conejitos de indias, sabían que si sobrevivíamos muchos de ellos vendrían después y así fue. Reflexione en estos 30 años cuantos vivieron de forma directa o indirecta después del primer paso en ese avión.

Aeroflot nave gigante con tremendas rubias de traje azul y blusas blancas, de 3 filas de asiento, 3, 3 y 3 pasajeros, con trago gratis todo el viaje y comida a cada rato, salíamos por decir un viernes desde Perú a Cuba, Canadá, Irlanda, Luxemburgo, llegábamos el sábado a Rusia, dormíamos en un hotel y salíamos el domingo a Suecia. 3 días de viaje y aventura, con las nalgas en el cuello, pero con el espíritu de Indiana Jones llegábamos al aeropuerto de Arlanda.

De que me puedo maravillar yo ahora cuando pirateábamos el tabaco , si nosotros los de entonces éramos más piratas que los del caribe, copiábamos hasta el månadskort o lo pintábamos a lo Picasso pero pasaba los controlantes confiaban en cualquier cosa que le dabas, yo creo que los latinos sacábamos pecho que si habíamos sobrevivido a las calles bravas de Valparaíso, el Callao, Medellín, la Boca, las avenidas de Estocolmo no nos asustarían, aquí en las discotecas de esas épocas, legales, clandestinas, o en las fiestas armadas por las asociaciones, todos los paisas por hacerse los históricos se decían que eran primos, sobrinos, ahijados del “Patrón” o simplemente te decían, ¿Usted no sabe quién soy yo? , ahí si lo peruanos estábamos en desigualdad porque no teníamos lazos con nadie tan poderoso, no nombrábamos ni a los presidentes o políticos como lazo familiar porque nos daban y nos siguen dando vergüenza, aquí en Suecia no había ningún García aprista.

En esos momentos todos nosotros éramos como “El Extraño de pelo largo” vagábamos por la calle mirando la gente pasar, carajo como extraño esa sensación de pelo y mi cigarro. Tendríamos entre 20 y 40 a lo mucho, en esas épocas 20 años no eran nada. Siempre teníamos un cohete en el pantalón. Éramos capaces de todo, nos volvíamos bilingües, éramos internacionales, comenzábamos con el VAD HETER DU, JAG HETER, aunque me sonaran como vajetedu y yojete, y allí vuelan todas esas primeras palabra chuecas que aprendimos a la fuerza y gratis, porque lo que jamás olvidaré es el esfuerzo de los suecos por querer entendernos, hasta nos pagaban para ir a la escuela, bueno estos nos pagaban por todo, estudiabas, trabajabas o te pagaba el social. En esas épocas no escuché a ningún latino que me dijera soy “desempleado” esa palabra en 1988 no existía.

Había plata, te pagaban al blanco, al negro, con cheque, cada 25 de cada mes, día exacto, dependía para quien trabajabas, ahora si era para un griego con asistente latino, ya cambiaba la forma, te pagaban al mes siguiente a ritmo de bolero…cualquier día, cualquier hora y en cualquier lugar…nos vemos tu y yo…. y te llegaba ese sobre blanco con las coronas allí, tantas horas, tantas coronas.

El hueco, el cenicero era el Wall Street de todos los movimientos financieros latinos de la época, allí nos encontrábamos todos, era el punto, centro de referencia, allí se pagaba a la gente, allí pedías chamba, hasta te encontrabas con la chica de tus sueños, el cenicero era por aquellas épocas nuestro Tinder de hoy.

De repente llegó diciembre, la primera navidad lejos de casa y esa canción que te retumbaba la cabeza horas antes de las 00:00, “tú que estas lejos de tus amigos, de tu tierra y de tu hogar, y tienes pena, pena en el alma, porque no dejas de pensar... ven a mi casa esta navidad”.

No interesaba quien estaba a tu lado, por más sonriente que estabas, contemplando el árbol navideño llenos de regalos, que venían en cajas envueltas de papel de colores, todas perfectas decoradas, tu corazón lloraba la ausencia de todo aquellos que no estaban.

Ese dolor solo lo entendemos nosotros, ningún minuto en el teléfono valdría un segundo de un abrazo de los nuestros. Mucho respeto a aquellos que vinieron solos o los primeros de cada familia aquí. Nuestra historia es la suma de todas esas sonrisas y lágrimas en Suecia.

A punta de vino tinto y algún vodka escondido por mi compadre paso esa navidad. Estos suecos eran tan ordenados que recuerdo que un día antes nos llegaba una bolsa grande navideña para botar los papeles de regalo y las cajas, toda la basura de navidad. Esa bolsa ya no llega por lo menos hace 3 o 4 años, pero por 25 años soy testigo que llegó a casa.

Ahora recuerdo que hasta tomé “cola de mono” tomé, jamás entenderé porque mis hermanos fronterizos siempre meten animales a su lenguaje, la cabra, el cabro, el gallo, la galla eran los personajes que siempre nos rodeaban.

Eran los primeros momentos que aprendimos a convivir todos entre pueblos por historia separadas.

Nosotros los de entonces comenzamos a definirnos todos como latinoamericanos, quizás porque así no nos sentíamos tan solos.

*Fotos Tomadas de internet