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​Malas decisiones: ¿Por qué elegimos tan mal a nuestros gobernantes?

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Desinformación, terquedad, consigna, credulidad, o solo por el hecho de votar contra quien no es nuestro candidato, a través de la historia de los procesos electorales los votantes del mundo no se han caracterizado precisamente por saber elegir. Muchas veces no se aprende de la experiencia y muchos electores persisten en tropezar dos o más veces con la misma piedra.


P15 elecciones


Por César Pastor Gamarra

www.elperuchito.com


¿Ha escuchado usted eso de que ´´cada país tiene los gobernantes que se merece´´? seguro que sí y lamentablemente ese dicho popular parece estar cargado de verdad. A través de los años el voto no pensado, el voto irresponsable, la elección de un mal candidato ha sido una característica de varios procesos electorales, y a veces estas malas elecciones se repiten sin importar la catástrofe de gestión que previamente han realizado los gobernantes que se lanzan al ruedo político para repetir el plato.

El día de una elección popular es como un día de fiesta y en algunos países, en especial en Latinoamérica, la ocasión es toda una gran celebración cívica. La democracia se luce en su máxima expresión y si la asistencia a las urnas es masiva crece más la expectativa por un gobernante mejor que trabaje honestamente y solucione los problemas de un país, pero ¿cuántos electores acuden a sufragar realmente preparados? ¿han leído los planes de gobierno o conocen bien a los candidatos? Es prácticamente imposible saber con exactitud quien realizó un voto informado, quien lo hizo solo por simpatía o si alguien recibió una prebenda antes de decidir, lo cierto es que si el candidato que ganó una elección luego resultó un pésimo gobernante, es porque el pueblo lo eligió y lo puso en ese lugar, fue la calle que le dio ese poder y aunque dicen que la voz del pueblo es la ‘’voz de Dios’’, esa voz no siempre es la voz correcta.


Mucho en común

Veamos solo algunos ejemplos de aquellas malas decisiones de las que tratamos en esta nota. En muchas naciones del mundo la corrupción campea y se enquista en las más altas esferas del poder, ese mismo poder que corrompe y también puede darle inmunidad a políticos que delinquen. Uno de los casos más actuales y sonados es el destape del caso Odebrecht, el más grande escándalo de sobornos en Latinoamérica, esta es una buena muestra de lo que representan las malas elecciones a la hora de elegir gobernantes. Como se sabe, actualmente el ex mandatario brasileño Lula Silva está condenado a prisión por nueve años por este caso, asimismo, el ex presidente peruano Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia que ya purgaron prisión preventiva muy pronto irán a juicio, los ex presidentes peruanos Alejandro Toledo y Pedro Pablo Kuczynski , uno prófugo de la justicia en Estados Unidos y el segundo obligado a renunciar, son solo algunas de las claras muestras de ex jefes de Estado salpicados por el escándalo de la corrupción, los altos directivos de la investigada constructora brasileña han empezado a hablar como parte de un acuerdo de delación premiada y siguen delatando a ex candidatos presidenciales, autoridades y congresistas peruanos que fueron elegidos en elecciones democráticas.


Casos que merecen mención aparte son el del expresidente peruano Alan García Pérez, quien luego de hacer un gobierno desastroso entre los años 1985 y 1990 volvió a ser elegido para un segundo periodo entre el 2006 y el 2011 y hoy tiene impedimento de salida de su país investigado por recibir sobornos del consorcio Odebretch, también el de la familia de los Fujimori. Alberto Fujimori cumpliendo prisión por delitos contra los derechos humanos y su hija Keiko Sofia Fujimori, excandidata presidencial quien afronta pena de cárcel preventiva de 36 meses acusada de recibir dinero para su campaña por parte de la empresa de Marcelo Odebretch.

Así como en Brasil la red de sobornos implica a mandatarios como Michael Temer o Dilma Rousseff, en otras naciones latinoamericanas también se repite la historia con casos tales como el del ex vice presidente ecuatoriano Jorge Glas enviado a prisión o de investigaciones hechas al colombiano Juan Manuel Santos o al ex presidente panameño Ricardo Martinelli acusado presuntamente de recibir fondos ilícitos para su campaña presidencial, todos estos políticos tienen en común el haber recibido el apoyo y confianza de sus pueblos a los que según las evidencias, parecen haber traicionado.


Arrepentimiento o persistencia

Las malas decisiones no son exclusividad de países o determinados continentes. En el plano local estamos en un contexto que atraviesa hoy sus días decisivos. El 23 de junio del 2016 se realizó en el Reino Unido el referéndum que debía decidir la permanencia de esta nación en Europa, sabemos cuál fue la opción ganadora, y hoy por hoy, a un poco más de dos años de aquella consulta popular, más de dos millones y medio de personas que votaron por el ´´leave´´ están arrepentidos de su decisión. Según un estudio difundido por el medio The Independent, todos estos votantes que en su momento respaldaron el Brexit ahora quisieran tener la oportunidad de poder volver a votar para rectificarse y elegir la permanencia del Reino Unido en Europa, estos son los resultados que se desprenden del estudio realizado por Focaldata para Best for Britain, una organización sin fines de lucro que realizó encuestas en miles de británicos. Aunque un referéndum no elige candidatos, sí le toma la temperatura a un clima político y lo

que en su momento parecía una convicción de muchos en las urnas, hoy en día parece haber cambiado, mientras tanto el Brexit entra en sus días cruciales convertido en realidad y pesadilla.

La otra cara de la moneda viene desde la psicología pues los especialistas consideran que para los electores existe un tema de ''coherencia'' que hace que un voto sea difícil de ser cambiado. ''si ya una vez votamos por un candidato es coherente tener siempre la misma dirección, entonces generalmente se vuelve a votar por el mismo aspirante''. Este comportamiento psicológico es denominado ‘’persistencia’’ y para los entendidos, incluso hace que una persona no cambie para nada su idea u opinión incluso sabiendo y comprobándose que se estaba equivocado ya que desarmar una creencia enquistada en el cerebro es no es fácil y es hasta doloroso de aceptar y ejecutar, según refieren.


¿Qué mueve a los votantes?

La teoría racional del voto señala que una campaña política es un hilo conductor de información para que el elector, luego de haber recibido todo ese conocimiento, decida a base de un cálculo racional las ventajas, desventajas, riesgos o consecuencias de una determinada elección. Desde hace muchos años (mediados de los años 40) las ciencias políticas y otras ciencias como la sociología, han tratado de establecer qué mueve a los votantes y los estudiosos determinaron diferentes teorías como diversos tipos de votos existentes.

El voto racional, conocido también como el voto correcto, determina que una elección es un acto racional y el sufragante elegirá de manera libre e individual a los candidatos y partidos que le brindarán mejor o mayor utilidad, es decir se vota de acuerdo con las propuestas y programas. También existe un voto inercial o también llamado voto cultural que establece que se vota por inercia es decir somos ‘animales de hábitos’ y se puede votar por costumbre o tradición formada a través de los años, una predisposición política que nos viene de antaño y que es mayormente conocida como el ‘voto duro’.


Simpatía, hartazgo, desinterés

Cuando se piensa en el candidato como persona y se tiene en cuenta su carisma, liderazgo, arraigo, trayectoria personal y competencia se está realizando un voto personalizado, lo contrario a lo que se conoce como ´´voto de ira´´ una acción movida por el hartazgo, descontento o irritación social contra un partido o político determinado, es decir es un voto de protesta o voto negativo.

Para algunos analistas y sociólogos el voto solo lo deben realizar las personas más preparadas. Hay quienes defienden la obligatoriedad del sufragio y otras la libertad de no tener que realizarlo si no se desea. Los niveles de ausentismo en diversos procesos electorales también parecen ratificar que cada vez más a la gente poco o nada le interesa la política, todos ellos desencantados por la clase de políticos que hay, entonces, ante este panorama, para muchos especialistas y parte de la sociedad misma queda una impostergable pregunta: ¿es correcto seguir dejando el futuro en manos de ciertos electores irresponsables?