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​Pensando en ti, mi amada Venezuela

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Opinión

Por Arelys Goncalves

Dibujo asesinados en protestas  venezuela


Pensando en ti, mi Venezuela, el país bonito, amable, risueño al que recuerdo y extraño con toda mi alma, al que quiero volver a ver, en el que quiero volver a vivir. Ese que recibía a tantos, ese destino para tomar unas vacaciones y olvidarse del mundo, ese con su desierto, su sabana, su llano, su selva, su costa, sus playas, su nieve, su calor, ese que enamoró a mi papá a primera vista, y eso es decir bastante porque ya venía de un paraíso como la isla de Madeira. Aquí estoy, con mirada apagada, pensando en ese lugar que nos vio nacer, ese por el que lloramos todos desde adentro. Ese de siete estrellas brillantes y victoriosas.

Nunca pensé que esta roja etapa llegaría a tanto, que habría gente tan incapaz que son capaces de destruir lo que parecía indestructible, la belleza y la riqueza de mi tierra. No éramos perfectos, lo sé, pero podíamos vivir con dignidad.

Venezuela necesita salir de esta crisis lo más pronto posible, la gente se está muriendo de hambre, los niños no tienen futuro y no hay oportunidades para los jóvenes. Mientras tanto, la justicia se burla de nuestros males y de los miles de crímenes que a diario se cometen contra el pueblo. Somos uno de los países más inseguros y peligrosos del mundo y la inflación llegó a 2 millones por ciento en 2018. ¡Vaya record!

No recuerdo en mi vida a ningún país hermano con una pobreza tan fuerte como la nuestra, a unos políticos tan miserables, mediocres y corruptos como los nuestros y una vida tan frustrante, indignante y triste como la nuestra. Familias separadas, enfermos sin medicamentos ni esperanza de vivir, delincuencia desbordada a los extremos más escandalosos, estudiantes asesinados en protestas, devaluación, niños desnutridos desde el nacimiento, hambre, hambre y más hambre y un presidente que eructa, baila y zapatea frente al dolor de su gente. ¡Qué impotencia y qué vergüenza!

Son días muy oscuros para mi amada Venezuela. Ya no estamos al borde del precipicio, caímos en él y cada vez es más profundo. Destruir a Venezuela, como lo han hecho en estos últimos 20 años, no tiene justificación ni perdón. Yo no los perdono, nunca los perdonaré.

La imagen que acompaña este artículo simboliza nuestro sufrimiento y nuestra esperanza. Es un dibujo dedicado a los jóvenes que han sido asesinados en las protestas en Venezuela, ellos perdieron su vida por nosotros. Ellos, que seguramente nunca disfrutaron del país del que les hablé al comienzo, son los primeros en dar la cara por todos nosotros, no por quien está a favor o en contra, por todos, para salir de esta tragedia que nos consume.

Este 23 de enero, volverán a salir a las calles. Es una fecha histórica y trascendental para el país, fue el regreso al camino democrático tras el fin de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez. 61 años después nos encontramos en el mismo sendero, con la esperanza de que la alegría de esos vientos de cambio de aquel 23 de enero vuelva a estar entre nosotros por la Venezuela que añoramos y para que el espíritu desafiante, guerrero y libre de nuestra juventud nunca se vuelva a apagar.