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“Crímenes contra los humanos y crímenes contra la humanidad”

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Por Javier Gamero Kinosita / Suiza

En un mundo de conflictos continuos, violencia masiva e intervenciones extranjeras, impregnado de crímenes atroces, tales como el genocidio, los crímenes de guerra, los crímenes contra la humandad y recientemente el terrorismo global, que van ocasionando un marcado incremento de muertes violentas, amenazando la estabilidad social y que plantea nuevos desafíos a la justicia criminal internacional; ha conllevado a que la criminología, como disciplina científica crítica e independiente, que tradicionalmente ha ido estudiando el crimen y analizando sus causas, circunscribiéndose a delitos individuales como el homicidio, el robo, la violación, la agresión, los daños a la propiedad, entre otros, asuma su compomiso social, no solo con la academia y la ciencia, sino también con la comunidad internacional, los organismos internacionales y la gobernabilidad global, proponiendo teorías criminológicas ante la magnitud apocalíptica de tales crímenes supranacionales, haciendo sentir el peso de su discurso académico en la escenario político internacional.

En este sentido, la Sociedad Europea de Criminología organizó su 18° Conferencia Anual EUROCRIM 2018 “Crímenes contra los Humanos y Crímenes contra la Humanidad – Implicaciones para la Criminología Moderna” en la Facultad de Justicia Criminal, Criminología y Estudios de Seguridad de la Universidad de Sarajevo en Bosnia y Herzegovina, convocando a más de 1000 expertos en política criminal internacional de distintas partes del mundo.

En el ámbito de los crímenes contra la humanidad, se convocaron a expertos en política criminal internacional del Instituto de Estudios de la Guerra, el Holocausto y el Genocidio de las Universidad de Amsterdam, Ultrecht y Leiden, del Centro de Estudios para la Paz de la Universidad Ártica de Noruega, del Departamento Criminología y Sociología de la Universidad de Oslo, del Instituto Max Planck para Estudios de la Justicia Criminal Internacional de Alemania, del Departamento de Justicia Criminal de la Universidad de Humboldt de Berlín, del Foro de Berna para las Ciencias Criminales de la Universidad de Berna, del Departamento de Justicia Criminal y Seguridad de la Universidad de Lincoln y de la Universidad de Nueva York, del Instituto de Derecho Penal y Criminología de la Universidad de Yokohama, entre otros, para abordar los crímenes contra la humanidad perpetrados en los conflictos de la ex Yugoslavia, Ruanda, Timor Oriental en Indonesia, Sierra Leona, Uganda, Camboya, Líbano, Birmania, la República del Chad, Siria, Iraq, Turquía y Sudán.


Aspiraciones de la justicia criminal internacional

El propósito principal de la justicia criminal internacional, según la Dra. Barbora Holá de la Universidad de Vrije en Amsterdam, se focaliza en cinco puntos concretos, primero, rendición de cuentas: en este ámbito se pretende que los perpetradores responsables de las atrocidades respondan judicialmente por sus actos, aquí nos confrontamos con una dependencia política, por lo general muchos líderes políticos, altos jefes militares y policiales suelen estar comprometidos en estos hechos, siendo muy difícil tener acceso a las evidencias, que yacen en el ámbito doméstico o nacional, primando la política real y el poder político, que impiden que los órganos de administración de justicia internacional puedan llevar a cabo un proceso regular a cabalidad y pronunciar una sentencia; segundo, hallazgo de la verdad: la justicia criminal internacional debe de responder a las siguientes interrogantes: ¿quién?, ¿qué?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo? y ¿por qué? debiendo de distinguirse la verdad judicial de la verdad histórica, en la verdad judicial por lo general se pierde mucho en la traducción de los testimonios de los testigos, que hablan lenguas tribales o dialéctos propios, mientras que la verdad histórica está legalmente enmarcada en la historia, tercero, promover la justicia a las víctimas: los participantes afectados del juicio son tanto las víctimas como los testigos, muchas veces son las comunidades que se ven afectadas en su totalidad con traumas colectivos, hay que reconocer la variada identidad de los grupos de estas comunidades para poder operar correctamente, cuarto, prevención del crimen, promoción de la paz y del Estado de derecho: los órganos jurisdiccionales internacionales han ratificado reiteradamente en sus declaraciones y sentencias su propósito de mejorar la situación de los derechos humanos, facilitar la paz, reducir atrocidades y fortalecer la persecución de los violadores de derechos humanos, sin embargo hoy en día, se evidencia en el contexto político internacional lo contrario, se evitan las resoluciones de pacificación de conflictos, no se previenen las guerras civiles y se tiende a prolongar los regímenes dictatoriales y quinto, promoción de la reconciliación: reconciliación es un concepto muy entusiasta, marcado de mucho optimismo y dificil de explorar y valorar, existen investigaciones embrionarias, pero principalmente con resultados pesimistas.


Memoria y justicia transnacional

El filósofo español George Santayana manifestó a principios del siglo XX, que “quién olvida su pasado, está condenado y repetirlo”, la justicia criminal internacional buca en sus procesos activar y capturar la memoria de las acciones de violencia masiva, existiendo muchas veces una verdad política que está manipulada. El investigador holandés Thijs Bouwknegt distingue 7 tipos de verdades, que deben tenerse en cuenta por la justicia criminal internacional, la verdad fáctica o forense, que dice realmente como fueron los hechos, la verdad dialogal o democrática, que es producto de la conversación y el consenso, la verdad audíble, que es fruto de la recepción, percepción y el recuerdo, la verdad restaurativa, que implica un reiterado reconocimiento público a la memoria, la verdad punitiva y estigmatizadora, que es aludida y avergüenza y por último, la verdad legal, que está sometida a la presión de la ley.

La memoria es importante en todo proceso de justicia criminal internacional, bien dice el refrán “Cada vez que un anciano muere en África, es como si se quemara una biblioteca”, en frecuentes ocasiones cada persona tiene su propia versión, por lo tanto debe de comprobarse la seriedad, viabilidad, veracidad y credibilidad de los testimonios orales, tomando en consideración las inconsistencias, contradicciones, plausibilidad, el lapso de tiempo transcurrido, la situación médica, el estrés, el trauma psicológico, la edad y vulnerabilidad, los factores culturales, el factor educacional, las lenguas y sus traducciones, las circuntancias internas, etc. Asimismo, es necesario distinguir en los testimonios orales la esencia de los detalles periféricos.


La ética de la guerra: antes, durante y después

En opinión del Dr. Brian Orend, profesor de filosofía de la Universdad de Waterloo en Canadá, la filosofía moral de la guerra justa se rige por las reglas del jus ad bellum, jus in bello y jus post bellum.

Las reglas de jus ad bellum están orientadas a los líderes políticos de los Estados, a quienes les asiste la legitimidad de declarar una guerra y movilizar a sus fuerzas armadas, para ello el Estado requiere de 6 exigencias: una causa justa (por lo general es la legítima auto-defensa de ataques externos, la defensa de otros por tales ataques, protección de inocentes por brutal represion de regímenes agresivos, amparándose en el deber de detener violaciones de los derechos humanos), una intención justa (vale decir, que se circunscriba al motivo de la causa justa), una autoridad apropiada y una declaración pública (vale decir autoridades competentes legitimadas constitucionalmente, procesos adecuados y la declaración debe de ser hecha publicamente, tanto ante sus ciudadanos como al Estado enemigo), último recurso ( solo cuando no existen otras alternativas pacíficas o diplomáticas para solucionar el conflicto), probabilidad de éxito (con el fin de evitar una violencia masiva que sea fútil y por último, la proporcionalidad (equiparando los beneficos con los costos de la acción bélica).

Las reglas del jus in bello está contemplado en la Covención de La Haya (1907) y las Convenciones de Ginebra (1949), y se refieren la derecho de la guerra, es decir las reglas de conducta que rigen en el campo de batalla, comprendiendo la prohibición de determinadas armas químicas y biológicas, cuyo uso están prohibidas por tratados internacionales, respeto a la inmunidad de los “no combatientes”, un trato benevolente y humanitario a los prisioneros de guerra, no cometer actos de crueldad contra la población civil (campañas de violación masiva, campañas de limpieza étcnica, etc), proporcionalidad en el uso de la fuerza, prohibición de represalias. Una violación al jus in bello, constituye un crimen de guerra.

En relación al jus post bellum, vale decir una justicia posbélica, podemos afirmar que no existen, como en las fases anteriores, regulaciones que rijan en las postrimerías de un conflicto armado, sin embargo históricamente se han desarrollado ciertas prácticas de justicia posbélica, que tienen como finalidad, reivindicar los derechos afectados durante la guerra, tales como el mutuo intercambio de prisioneros, la obligación moral del agresor de devolver los bienes ganados injustamente durante la guerra, la prohibición del agresor de hacer apologías de los actos de agresión, que dieron lugar al comienzo del conflicto, la desmilitarización por parte de los agresores.

Hoy rigen en la praxis, dos teorías en la justicia posbélica, la retribución (compensación de pagos del agresor a la víctima y posiblemente a la comunidad internacional ) y la rehabilitación (que esgrime el argumento de hacer al agresor derrotado mejor que antes de la guerra, estando enfocado a la reconstrucción, comprendiendo la supresión de pagos de compensación, ausencia de sanciones, asistencia y ayuda para la reconstrucción, incluyendo la exigencia de cambio forzado de régimen político al agresor derrotado). Ambas teorías tienen sus pros y contra.