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América Latina

​Brasil: Triunfo inicial de la derecha

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Por Isaac Bigio

Analista internacional


Bolsonaro

Brasil, quien ha llegado a ser la quinta potencia mundial en población, territorio y economía, puede convertirse en la que elija a un mandatario tipo Trump, o incluso más de derecha dura que el mandatario estadounidense.

En la primera vuelta del domingo 7 de octubre ha ganado el ultraderechista Jair Bolsonaro por poco más de 49 millones de votos, 18 millones de sufragios por encima de quien será su contendor en la segunda ronda el centroizquierdista Fernando Haddad.

Quien capitaneaba todas las encuestas, Luis Inácio Lula Da Silva (ex presidente brasilero en 2003-10), fue encarcelado e impedido de candidatear. Pocas semanas antes de los comicios él aprobó que su Partido de los Trabajadores (PT) presentara un candidato propio que corriera con su aval y en representación suya. Este ha sido Haddad, el ex alcalde de Sao Paulo quien inicialmente estaba muy bajo en los sondeos. Lo único que le ha permitido a él trepar en la opinión pública es que se le identifique con Lula.

Sin embargo, Haddad no ha logrado capitalizar a todo ese alrededor del 40% de la opinión pública que decía apoyar a Lula en las encuestas. Sin Lula al frente, la delantera la ha tomado Bolsonaro, un ex militar quien tras haber pasado por 9 partidos diferentes se ha hecho popular proponiendo mano dura contra el crimen y la corrupción.

Bolsonaro ha hecho varias declaraciones que han sido tildadas de machistas u homofóbicas, ha dicho que no se permitirán más tomas de tierras a los campesinos pobres ni concesiones de tierras a los indígenas o negros, demanda que la genete porte armas para defender sus propiedades contra “delincuentes” y ocupantes, propone que la policía pueda torturar o matar a miles para acabar con la delincuencia, pregona un conservadurismo social que gusta al electorado católico tradicionalista y evangélico cristiano pero que es rechazado por feministas y LGTBs, reivindica a la dictadura militar de 1964-1985, denomina “escoria” a muchos inmigrantes, especialmente de tez oscura, y postula duras medidas contra el “socialismo” y en pro del mercado libre.

Paradójicamente los principales partidos que maquinaron el golpe parlamentario para remover a Dilma Rousseff de la presidencia (el MDB y el PSDB) han quedado triturados. El MDB, uno de los dos partidos que permitía la dictadura militar, que ha estado en casi todos los gobiernos desde 1985, que ha venido siendo el mayor partido del actual congreso y que fue el socio del PT que luego le traicionó y echó del poder, ha quedado con alrededor del 1% de los votos. El PSDB, el partido de Fernando Cardoso (Presidente 1995-2002) que timoneó la oposición al PT, no ha llegado ni al 5% de los votos emitidos. Marina Silva, una disidente negra, amazónica y evangélica del PT, quien llegó a figurar tercera en las presidenciales pasadas con el 21%, ahora apenas parece tramontar el 1%.

Bolsonaro, un hombre sin un partido histórico, ha sido capaz de desplazar a todas las fuerzas tradicionales de la derecha brasilera con un discurso anticomunista muy agresivo y presentándose como una persona ajena a la corrupción que es capaz de acabar con ésta, con el crimen y con todo lo que tenga que ver con el PT.

El retroceso del PT tiene que ver con la forma en la cual éste quiso gobernar. En vez de ir hacia un programa radical de reformas sociales y agrarias buscó siempre cogobernar con un ala de la derecha tradicional ligándose a varios grupos empresariales. Uno de ellos Odebrecht se benefició del PT para hacer obras públicas billonarias en Brasil y en Latinoamérica contaminando a todos con la corrupción. Las grandes transnacionales europeas y, sobre todo de EEUU, no vieron con agrado la expansión de multinacionales brasileras y se han aprovechado de sus prácticas corruptas para minarlas y con ello a varios políticos izquierdistas, y ahora buscar nuevos contratos directos.

El PT estuvo envuelto en escándalos de corrupción y mantuvo al mismo sistema contra el cual irrumpió.

Cuando se venía el golpe parlamentario no movilizó multitudes ni tampoco convocó a armar milicias o a una huelga general, creyendo que eso le daría una imagen muy radical. Ahora para estos comicios no llamó al boicot en rechazo a que Lula es el único ex gobernante preso (mientras que andan libres tantos congresistas del MDB y PSDB muy corruptos).

El candidato que el PT ha nominado es uno de su ala “moderada” quien va a querer ganar la segunda vuelta haciendo más compromisos y concesiones a la centro-derecha del PSDB o la centro-izquierda del PDT.

El balotaje brasilero no va a ser definido entre el apoyo a uno de los dos finalistas sino hacia cuál de todos ellos genera más rechazo. Bolsonaro querrá ganar promoviendo la fobia al PT y al socialismo. Haddad buscará moverse al centro buscando el apoyo de la derecha que teme un gobierno extremista y todo lo que pueda significar Bolsonaro.

Un eventual triunfo de Bolsonaro podrá generar un cuadro de mucha violencia al interior del país e incluso de la región, pues él querrá hacer una tenaza militar con el colombiano Duarte para derrocar al venezolano Nicolás Maduro, e incluso al boliviano Evo Morales o al nicaragüense Daniel Ortega.

Hadda, por su parte, tratará de no correr con un discurso radical sino uno abierto hacia un compromiso con los “moderados” de la derecha.

Los resultados no son fijos. Las cifras son engañosas.

Según las cifras oficiales Bolsonaro sacó el 46% y Haddad el 29.3%. No obstante, eso no significa que al primero le baste ganar un adicional 4% para vencer en el balotaje. En la primera vuelta ha habido 10 millones de votos blancos y nulos (un altísimo 9% de los votos emitidos) y unos 30 millones de abstenciones. Esto implica que Bolsonaro ha conseguido menos del 42% de los votos emitidos y poco más del 33% del apoyo de los 147 millones de ciudadanos habilitados para sufragar.

Estos sectores que no votaron por ningún candidato en la ronda inicial ahora deberán tomar una posición y en la vuelta final deberán decidir si les da lo mismo entre estos dos polos o si deben votar contra el candidato que más rechazo les genere.