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​Crisis global y desafíos para la seguridad en el nuevo orden mundial

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Javier Gamero Kinosita / Suiza

La euforia que reinó después del fin de la Guerra Fría, generada por la ilusión de la democratización, la institucionalización y la legalidad en un mundo unipolar, se fue diluyendo como las cascadas de agua de un espejismo en el desierto, en la medida que transitabamos al nuevo milenio, surgiendo hoy en día, nuevos enemigos malignos para Occidente, llámense Assad, el Estado Islámico, Rusia o China, entre otros.

Los denodados intentos de las potencias del bloque occidental bajo la égida de los Estados Unidos, de establecer un nuevo orden global, a través de sus intervenciones militares humanitarias, cambios de regímenes y políticas de democratización en distintas partes del mundo, han conducido a una marcada resistencia en distintas regiones del Oriente Próximo y Medio Oriente, partes de África, América Central, Sudamérica y el Asia Central, contra ese nuevo imperialismo liberal, dando lugar al surgimiento de nuevos riesgos para la seguridad global, tales como el terrorismo transnacional, el cambio climático, la migración, pandemias y crisis sanitarias, las amenazas nucleares, etc.

Desintegración y fragilidad del Estado

Con el proceso de descolonización durante el siglo XX, se pensaba que el Estado era la mejor forma de organización social, basada en la unidad de población, territorio y el poder estatal, regida por la soberanía y la igualdad. Sin embargo en los años 90 se suscita un boom político y académico del fenómeno de la desintegración y fragilidad del Estado. En este contexto, la Fundación Europa Paz de España, en un estudio realizado de 178 Estados, estableció que 4 Estados estaban completamente en decadencia, 12 Estados en amenaza de desintegración, 22 Estados con alarmantes altos niveles de advertencia de desintegración, 26 Estados notificados con altos niveles de advertencia de desintegración y 42 Estados bajo advertencia de desintegración. Según la Fundación para la Paz, 106 Estados de los 178 examinados son Estados frágiles y con tendencia de desintegración, vale decir un 59,6 %.

En este sentido, según Carlo Masala, experto en política internacional de la Universidad Federal de Defensa Helmut Schmidt en Münich, Alemania, señala a la desintegración de Estado como primer desafío del orden mundial, advirtiendo que desde el fin de la Guerra Fría, 26 nuevos Estados han logrado su independencia y son miembros de la ONU, 10 nuevos Estados son independientes de facto no siendo aún miembros de la ONU y son solo reconocidos limitadamente. A ello se agrega la aparición de 9 regiones autónomas, asi como 37 regiones en conflicto, cuyos territorios son controlados por terroristas en un régimen de facto. En muchas de estas regiones se ve al Estado como botín de diversos grupos políticos, sociales o étnicos, que una vez en el poder ejercitan una política clientelista, sin interesarles el bienestar de la población. Muchos de estos países no han sido nunca Estados en el sentido occidental sino sociedades tribales, a quienes las potencias coloniales impusieron arbitrariamente fronteras, que llegaron a cercenar grupos étnicos en determinados territorios. Gran parte de estas poblaciones perciben al Estado como amenaza para su identidad.

En muchos países de la región de los Balcanes, del Caúcaso y de la África subsahariana han surgido anhelos secesionistas, deseándo ocupar un territorio dentro de un determinado Estado, para fundar un nuevo Estado en donde se congregue una determinada etnia. Asimismo Masala advierte la disfuncionalidad política de muchos Estados en América Latina, que están impregnados de crimen organizado, corrupción y narcoterrorismo en el marco de una política autoritaria y clientelista, verbigracia tenemos el caso de México, Venezuela, Nicaragua y Guatemala.

Nacionalismo y re-nacionalismo

Carlo Masala advierte, que este nuevo contexto geopolítico, ha generado un renacimiento del nacionalismo, éste no solo se circunscribe en África, los Balcanes, el Medio y Cercano Oriente o Asia Central, sino que se extiende a regiones de Europa, verbigracia tenemos los vascos, los catalanes, los escocéses, etc. Este re-nacionalismo en el siglo XXI implica nuevos peligros para la estabilidad regional y global.

Un grupo étnico constituye la base del nacionalismo, se trata de un grupo humano que comparte un sentimiento de estar vinculado por algo en común, que es más fuerte que el vínculo con otros grupos sociales. Estos elementos vinculantes son una ascendencia común, una cultura común o un mito histórico, se trata de un grupo imaginario, en donde a pesar de no conocerse todos sus miembros, son leales a ellos. El peligro existe cuando este sentimiento de pertenencia se torna en un hipernacionalismo o nacionalimo chauvinista, un sentimiento que está provisto de un enorme potencial de conflicto.

Especial mención merece el nacionalismo ruso, Rusia tiene un sentimiento de inferioridad frente a Occidente, se sienten humillados en su rol como potencia regional o global, con la desintegración de la Unión Soviética, existen cerca de 25 millones de rusos étnicos en las los países fronterizos de la Federación Rusa, lo que Rusia considera como la quinta colonia, sintiéndose como potencia protectora de sus interéses políticos, lo que hace del nacionalismo ruso, en un sentimiento exacerbado extremadamente peligroso, verbigracia tenemos La intervenciones en Georgia y Ucrania, ello ha generado un resurgimiento del nacionalismo en Polonia, Hungria y Bulgaria, que ven en la misión civilizatoria rusa una amenaza concreta. Debido a la heterogeneidad de India, el hipernacionalismo hundú indio constituye un peligro potencial para la estabilidad del país, generando una marginalización de minorías musulmanas entre otras.

Desafíos híbridos

Los nuevos riesgos, que se convierten en serias amenazas, son hoy en día de naturaleza híbrida, ya que en ellos de mezclan distintos actores o fenómenos, pues su manejo implica la utilización de diferentes instrumentos de la política de seguridad, tanto a nivel nacional como internacional, un caso emblemático es el terrorismo islámico en su afán de instalar un califato mundial, estableciendo estructuras descentralizadas dífíciles de desarticular, ya que existen diversos actores, distintos grupos terroristas (Estado Islámico, Al Qaeda), potencias extranjeras involucradas, diversos regímenes de países que subvencionan a los grupos terroristas (Paquistán, Arabia saudita, Irán, Yemen, Turquía, etc) militares, diplomáticos, civilistas, jóvenes extranjeros reclutados para enrolarse como soldados del califato, financistas, simpatizantes, medios de comunicación. etc. De igual forma tenemos las pandemias y epidemias que constituyen un problema para la seguridad internacional, tales como el ébola en África Occidental, la gripe asiática o el sida, por lo general en zonas de conflicto, creando escenarios apocalípticos y emergencias sanitarias, demandándo altos costos en la solución.

Variaciones macro-demográficas

Como consecuencia de la violencia, la pobreza y las pandemias, se han suscitado masivas olas de desplazamientos de refugiados a nivel mundial, pues signos de la política internacional del siglo XXI son migración, éxodo y destierro. En la medida que el nuevo orden territorial en distintas regiones del mundo no se consolide, muchos seres humanos por motivos de su identidad étnica, religiosa o política serán expulsados de sus regiones de orígen, víctimas de la ortodoxia ideológica política y religiosa y el marcado nacionalismo. La mayor parte de desplazados provienen de Siria, Iraq, Afganistán, Somalia, Sudán, Congo y Mianmar, producto de los problemas de inestabilidad en esos países. La OCDE ha planteado dentro del marco de “good governance”, una política de prevención de conflictos proactiva que neutralice las causas de los desplazamientos

Digitalización

Las nuevas tecnologías de la información son consideras una bendición y una maldición a la vez, si bien es cierto, otorgan a los individuos muchas ventajas, verbigracia tenemos las bondades del internet, que nos permiten hacer compras inmediatamente, tener un acceso ilimitado a informaciones o comunicarnos directamente a escala mundial, sin embargo estas son difíciles de controlar por parte del Estado, entrañando nuevos peligros para la seguridad. Cada vez hay más actores privados que manejan estas nuevas tecnologías de las información, entre ellos organizaciones terroristas y organizaciones de crimen organizado, que perpetran sus fechorías a través del ciberterrorismo y la cibercriminalidad, este nuevo instrumentario tecnológico está dotado de un potencial de destrucción considerable. A ello se suman el espionaje político, monopolizado por cibercomandos de las fuerzas armadas, fuerzas policiales y órganos de inteligencia de las potencias mundiales y el espionaje económico, monopolizado por los grandes consorcios empresariales, controlando a través del dominio del ciberespacio el mercado mundial. Se dice que vivimos en la era de la sociedad de vigilancia, gracias a estas nuevas tecnologías, que son cada vez más modernas, sofisticadas e intrusivas.

Reflexión final

Una política real para el siglo XXI, requiere un cambio de paradigmas en las formas de actuación de los Estados, ellos deben de adecuar sus formas de cooperación, en el marco de una política global conjunta basada en la unidad, para hacer frente a los riesgos y peligros globales. El siglo XXI nos presenta un desorden mundial y Masala subraya, que ese orden faltante no significa necesariamente caos, si uno se adapta a las condiciones dadas, ese orden faltante significa únicamente imprevisibilidad, falta de transparencia, sorpresa y falta de planificación, ello exige a todos los actores a mantenerse 360° atentos y expectantes para actuar, ya que todo puede cambiar de hoy para mañana. Buen gobierno implica promover una actuación en coalición con aquellos que estén dispuestos a actuar con buena voluntad para generar orden y estabilidad.