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Reino Unido

Así van quedando las directrices post-Brexit

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Pixabay.


Por Ulysses Maldonado


A partir de ahora la situación cambia y el Reino Unido tiene las cartas suficientes como para dividir a los Estados miembros en distintos bloques y poder sacar rédito de ello. Es por eso que los líderes han debatido cuál será a partir de ahora la estrategia que seguirá el equipo liderado por Michel Barnier.


Lo que refleja el texto es lo que ya expresó Donald Tusk, presidente del Consejo, cuando lo presentó junto a Xavier Bettel, primer ministro luxemburgués: no es posible acceder a las demandas expresadas por la señora May en el discurso de Maison House porque el “acuerdo sector por sector” que el gabinete británico acordó con mucho esfuerzo en la casa de Chequers sigue siendo otra forma de “cherry-picking”.


La propuesta de la primera ministra británica consiste en que el Reino Unido se mantenga cercano a la Unión Europea en las regulaciones sobre algunos campos mientras divergen en otras, como los servicios financieros.


Bettel criticó entonces que el Gobierno británico había pasado 40 años dentro de la UE queriendo beneficiarse de elementos externos, y ahora que va a salir quiere beneficiarse de características del Mercado Único.


En cualquier caso la primera ministra ha asegurado que había un nuevo ambiente de “cooperación y oportunidad”. “Creo que va en el interés del Reino Unido y de la UE que logremos un buen acuerdo”, ha explicado May.


Las nuevas directrices incluyen lo que fuentes europeas han calificado de “cláusula de evolución” con la que indican que las directrices están adaptadas a las actuales líneas rojas del Reino Unido, mantenerse fuera del Mercado Único y de la Unión Aduanera, pero que en caso de que estas cambiaran la relación futura se adaptaría a ello.


Referencia a Gibraltar


Desde que David Davis, ministro británico para el Brexit, asegurara que el periodo transitorio cubría también a Gibraltar, el Gobierno español se ha apresurado a intentar aclarar la situación, con más o menos fortuna. El ministro de Asuntos Exteriores Alfonso Dastis negó las afirmaciones de Davis.


Durante la celebración de un Consejo de Asuntos Generales (CAG) en su versión sobre el Brexit, el representante español intentó incluir una referencia a Gibraltar en las directrices que se acaban de aprobar. Eso hizo saltar las alarmas y la prensa internacional se hizo eco de que España pretendía reafirmar su posición con Gibraltar.


Efectivamente Madrid ha logrado colar su postura sobre la roca en las directrices recién aprobadas dentro de un párrafo dedicado al periodo transitorio. “El Consejo Europeo pide intensificar los esfuerzos en los asuntos pendientes, así como los relacionados a la aplicación territorial del Acuerdo de Salida, especialmente en lo que se refiere a Gibraltar, y reitera que nada está acordado hasta que todo esté acordado”.



La mención a la roca es débil, e incluso, quizás, habría sido mejor no intentar incluirlo en las conclusiones para evitar el revuelo mediático que se provocó con la petición. El hecho de que España y el Reino Unido tengan que negociar los términos en los que Gibraltar se beneficia del periodo transitorio es algo que está recogido en las directrices del 29 de abril de 2017. El “wording” de esta ocasión lo que da a entender es que el Acuerdo de Salida se aplica a la roca y que lo que hay que acordar son “asuntos pendientes” sobre la aplicación territorial del mismo, algo con lo que incluso el Gobierno británico se ha mostrado satisfecho.


Periodo transitorio


Con estas directrices los Veintisiete también dan luz verde al periodo transitorio que se acordó entre David Davis y Michel Barnier. El trato concluye lo que ya sabíamos: el Reino Unido seguirá beneficiándose de los “pros” de la UE como si fuera miembro, aunque jurídicamente no lo sea, hasta el 31 de diciembre del 2020. A cambio el país tiene que seguir contribuyendo al presupuesto europeo y no tiene ni voz ni voto en las instituciones europeas.


Han cedido también en un paquete de medidas en campos concretos, como la pesca, que ahora amenazan la aprobación del Acuerdo de Salida en Westminster. El texto refleja que el Reino Unido solo podrá participar en la fijación de las cuotas de pesca del primer año de transición, en 2019, pero no así en 2020, aunque sí que refleja una lealtad institucional entre Londres y Bruselas. Esto no ha gustado nada a los diputados tories de circunscripciones pesqueras, como es el caso de las de Escocia, cuando curiosamente estos eran los más favorables a permanecer dentro del partido. Ahora piden cortar de raíz los lazos con la UE en lo que se refiere a pesca.


También se abre ahora la oportunidad de que el periodo transitorio se revise, aunque, en cualquier caso, eso no ocurrirá en un futuro a corto plazo. Londres ha conseguido recabar el apoyo de varios países para sostener esta idea, entre otras razones porque muchas capitales son conscientes de que 21 meses son insuficientes para cerrar un acuerdo comercial tan ambicioso como el que pide el Gobierno de May.