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Cultura

Mensaje en Semana Santa: "la Iglesia nos invita a meditar en toda nuestra vida"

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Capellanía Latinoamericana


Nos acercamos al Triduo Pascual, la esencia de lo que significa no sólo “ser cristiano”, sino ser persona. Las fiestas de Semana Santa no deben ser ya frotarnos las manos por las vacaciones que vamos a pasar, sino volver los pies a la tierra, recordando que también hay que pasar por la vía del sufrimiento y del sacrificio. Durante el Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección), la Iglesia nos invita a meditar en toda nuestra vida, tomando como ejemplo la vida de Jesucristo.


El jueves santo, se nos recuerda la importancia de la comunidad. Es este día, Jesús pasa sus últimos momentos con los suyos. En la cena, parte el pan, distribuye el vino y nos recuerda “hagan esto en memoria mía”. Así nos está diciendo “parte tu pan con el hambriento”, “comparte tu alegría con el triste”, disfruta de las relaciones, sobretodo de la familia. Es el día de la comunión, de la común-unión. No debemos buscar la soledad sino la comunión, relacionarnos con los demás y compartir, dando de lo que somos y tenemos (él mismo se dio como alimento). Después de la cena, Jesús se fue a orar con sus discípulos y a través de ellos nos dice “quédense y oren conmigo”. Nos dice que no podemos olvidarnos de Dios, mucho menos en los momentos más difíciles. Orar. Hablar con Dios, dejarnos guiar por su voluntad. “que se haga tu voluntad”, no la nuestra. Que nos dejemos guiar por los planes de Dios, no tanto por nuestros deseos, ilusiones o placeres.



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El Viernes Santo es un día de entrega, de dolor y muerte. Jesús es condenado y crucificado, y en la cruz, perdona a todos. Su misión de salvar al mundo pasa por el dolor de la cruz, una cruz que acepta desde lo más profundo de su ser. Tiene miedo, pero lo acepta, abraza su cruz y nos invita a hacer lo mismo. En su pasión dolorosa resuenan sus palabras “anda y haz tú lo mismo”. Jesús nos invita a aceptar las dificultades de la vida. En un mundo lleno de facilidades (comida exprés y entrega a domicilio), donde podemos escaparnos con la rapidez de un clic de computadora o del dedo o de Smartphone, Cristo nos dice: hay que aprender a sufrir, a soportar nuestras cargas, porque sólo a través del dolor de la Cruz se llega a la alegría de la Resurrección. “Sin dolor, no hay gloria”. Y solamente cuando somos capaces de entregarnos, de renunciar a nosotros mismos, de abrirnos a los demás; seremos capaces de abrirnos al otro, de formar una familia o de hacer amigos.

La resurrección de Jesús la celebramos desde el sábado en la noche y el domingo, hasta cincuenta días más tarde. Se celebra en la noche, porque la noche es como la muerte, no se ve nada, no hay nada. Y en la noche surge una luz, se abre un horizonte. La muerte no es el final. La Luz es vida, y una vida sin final. Es la recompensa al dolor que hemos padecido. “No hay mal que por bien no venga”; “ después de la tormenta viene la calma”...



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Dios quiere darnos una nueva vida. En el santo Triduo, la Iglesia nos recuerda que no estamos solos; que necesitamos de los demás y los demás necesitan de nosotros; que debemos aprender a soportar las dificultades, porque no existe dificultad más grande que no tenga respuesta. Pero para ello debemos morir al “yo” para ser “nosotros”, que debemos clavar nuestras debilidades y pecados en la cruz de Cristo para que, muriendo a todo lo que nos lleva a la soledad, al desánimo, a la muerte, podamos, con la ayuda del Señor, resucitar a una vida nueva.

Que en estos días santos, nos conceda el Señor la paciencia, la generosidad y el coraje para abrirnos a los demás, para escuchar y consolar, para entender y perdonar, para pedir perdón y resucitar con él a una vida nueva. Amén.