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La violencia criminal, una amenaza cotidiana

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Foto: Tomada de Internet.


Javier Gamero Kinosita / Suiza



La tendencia de la criminalidad ha estado siempre en función de las variaciones o cambios situativos de diversa índole, ya sean políticos, sociales o económicos, que se han suscitado en la sociedad. La globalización ha generado una movilidad social mucho más rica y diná mica ocasionando paradójicamente otros problemas, tales como la expansión del crimen organizado y una criminalidad mucho más violenta como producto de las fisuras de la fragmentación social. El advenimiento de la sociedad de consumo ha incidido negativamente en el incremento de delitos contra la propiedad o los delitos económicos, entre otros, así como en un aumento de la violencia, que ponen en riesgo la integridad física y psíquica de la ciudadanía.


El marcado incremento de la violencia criminal de los jóvenes para perpetrar sus hechos ilí citos en las calles, que atentan contra la vida, el cuerpo y la salud, no es producto de los medios sino una realidad flagrante, tangible e irrefutable, que en opinión del Dr. Martin Killas, catedrático de Criminología de la Universidad de Zürich en Suiza, se debe ante todo a la “revolución de la conducta del ocio de los jóvenes”, que habitan hoy en día en la denominada nueva “sociedad de 24 horas”, asediada por la inconmensurable expansión masiva de los teléfonos celulares portátiles, el internet y las bondades de las nuevas tecnologías. Jóvenes excluidos y frustrados socialmente, sin posibilidades de acceso a una formación, segregados socio-laboralmente y sin perspectivas para el futuro, padecen de una crisis de impotencia existencial, que contrasta ostensiblemente con nuestro actual “World full of opportunities”, conllevando ello ha generar una cultura de violencia estructural en la sociedad global.


Seguridad sin menoscabo de la libertad


La seguridad es una condition sine qua non para la libertad de la población, un elemento esencial para la libertad del individuo y para la sociedad en sí. El Estado tiene el deber de intervenir cuando la seguridad y la libertad de los ciudadanos no está garantizada o cuando se violan los principios de la democracia y el Estado de derecho. Pero la garantía de seguridad no debe darse a costas de la propia libertad. Tanto la libertad como la seguridad son pilares fundamentales del Estado de derecho. Debe desecharse ese clamor popular desesperado apelando al Estado duro e inflexible. Benjamín Franklin solía decir que “quién abdica a su libertad, en aras de obtener mayor seguridad, termina finalmente perdiendo ambas”.


El individuo y la familia como piedra angular de la política de seguridad


Una política de seguridad integral y plena debe conceder al individuo y la familia un rol preponderante. Valores fundamentales como el respeto al prójimo o la decencia deben ser transmitidos de generación en generación a fin de asegurar una convivencia pacífica. Para ello la educación juega un rol central. Se debe apelar a la autorresponsabilidad de cada uno. La seguridad trasciende o va más allá del ámbito de la policía, ella se inicia en el seno del hogar. La familia es una institución fundamental en la sociedad. Muchas veces el potencial de violencia o adicción o malas manías de los jóvenes se generan en el seno del hogar mismo. En consecuencia es de interés de la sociedad que la estructura familiar permanezca intacta.


Conceptos, planes y proyectos coordinados


La violencia diaria se manifiesta, en virtud de su diversidad, en distintos ámbitos de nuestra vida. Se dan en contextos sociales distintos, motivo por el cual diversos agentes con diferentes roles pueden participar en su solución. En este sentido se advierte que cada institución tiende a definir el problema desde su respectivo ámbito de competencia. Yvonne Schärli, Directora del Departamento de Seguridad y Justicia del Cantón de Lucerna, Suiza, postula la importancia de instituir conceptos, planes y programas coordinados aduciendo, que la violencia criminal es un fenómeno complejo que no puede ser monitoreado con medidas sectoriales aisladas, se requiere la creación de mecanismos de coordinación y consulta permanentes y la inclusión de todas las instancias políticas comprometidas con el problema. Una mejor coordinación es requerida en las políticas se seguridad y prevención de la criminalidad.


De igual forma se deben realizar debates públicos sobre la violencia criminal a fin de buscar soluciones constructivas y consensuadas. Lamentablemente las discusiones políticas sobre el tema de la violencia y criminalidad son dejados de lado o aprovechados por mero oportunismo político. El temor a la criminalidad y la seguridad se han tornado atractivos para la comercialización de los medios de comunicación, como sabemos, el escándalo y la violencia venden.


La prevención de la violencia y la criminalidad.


La prevención exige una reflexión sobre las condiciones o escenarios sociales en los que se suscita la violencia criminal. El problema no puede dejarse sólo a la policía o a los organismos de la administración de justicia, aunque desde luego es necesario contar con un sistema de justicia criminal funcional y eficiente. Se requiere además la participación de otros sectores que también están involucrados con el problema, tales como el parlamento, el sector salud, el sector educación, los gobiernos locales, el sector privado, la prensa, la iglesia, la sociedad civil, entre otros. El trabajo es horizontal y transversal. No olvidemos ese viejo aforismo jurídico de Franz de Liszt, quién solía decir que “la mejor política criminal es la política social”. 



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